Armando Santos

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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Fotografía de Gabriel García Márquez con su libro Cien años de soledad en la cabeza.

Fotografía de Gabriel García Márquez con su libro Cien años de soledad en la cabeza.

  Las palabras siempre tuvieron un valor especial para Gabriel García Márquez; el escritor colombiano contó en el discurso “Botella al mar para el dios de las palabras” (I Congreso Internacional de la Lengua Española, Zacatecas, México, del 7 al 11 de abril de 1997; se puede conseguir en el libro Yo no vengo a decir un discurso, que reúne 22 textos del escritor destinados para ser leídos en público, editado en el año 2010, el último libro publicado por Márquez en vida) una anécdota de la infancia que ilustra el aprecio que sentía por el lenguaje: “A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ‘¡Cuidado!’ El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: ‘¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?’ Ese día lo supe”.

 

Fotografía de Julio Cortázar (con máscara) y Gabriel García Márquez.

Fotografía de Julio Cortázar (con máscara) y Gabriel García Márquez.

Gabriel García Márquez, un hombre que escribía para que lo quisieran más sus amigos, nació el 6 de marzo de 1927 –en algunas biografías y ediciones de sus obras se da el año de 1928, pero en su autobiografía Vivir para contarla (2002) se indica el año 1927-, en Aracataca, Colombia; fue uno de los 16 hijos de Luisa Santiago Márquez y Gabriel Eligio García, un telegrafista con quien nunca se sintió tranquilo, pues confundía la seriedad paterna con la incomprensión. Siendo niño fue dejado al cuidado de sus abuelos maternos, el Coronel Nicolás Márquez Iguarán –a quien idolatraba- y Tranquilina Iguarán Cortés. Viajó a Cartagena donde ingresó a la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Bogotá; sin embargo resultó ser un pésimo estudiante, pues no tenía la vocación de abogado. Cambió la Universidad por el periodismo; empezó su carrera como redactor de notas editoriales en el diario el Universal, un periódico de Cartagena de Indias, durante 1946, y fue subiendo poco a poco por las escaleras de las diferentes secciones; trabajó para El Heraldo en Barranquilla, entre 1948 y 1952, y El Espectador en Bogotá, a partir de 1952, hasta alcanzar el nivel de reportero raso, profesión que consideraba “el verdadero oficio”. Entre 1959 y 1961, estuvo trabajando para la Agencia Cubana de Noticias, La Prensa, en Colombia, en la Habana y en Nueva York; el escritor nunca olvidó su época de reportero por lo que impulsó la creación de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, que se dedica a incentivar el trabajo periodístico. García Márquez combinó el género periodístico con el literario, desarrollando una especie de híbrido de reportajes y relatos; unas muestras de ello son Relato de un náufrago, reportajes publicados en 1955, en el diario El Espectador de Bogotá, y Noticia de un secuestro (1996), reportaje-novela sobre el narcoterrorismo colombiano.En 1947 apareció su primer cuento, La tercera resignación, publicado en el diario El Espectador; luego vendrían los relatos Eva está dentro de su gato, Tubal-Caín forja una estrella, La otra costilla de la muerte y Un día después del sábado, donde por primera vez hace referencia a Macondo. En su primera novela La hojarasca (1955), se notaba ya la influencia de William Faulkner en el universo de Macondo, que se exhibiría después en Cien años de soledad, pero los personajes fueron tomados de las historias que su madre le contaba. Las ideas izquierdistas de Gabriel García Márquez lo enfrentaron en su juventud con el dictador colombiano Laureano Gómez y con su sucesor, el general Gustavo Rojas Pinilla, quienes terminarían orillándolo al exilio en México y España, entre 1960 y 1970; pero sus problemas de índole político no menguaron su capacidad narrativa, pues seguiría publicando novelas: El coronel no tiene quien le escriba (1961) –bajo la tutela de El viejo y el mar (1952)de Ernest Hemingway-, La mala hora (1962, Premio de Novela Esso) –bajo el influjo de La peste (1947)de Albert Camus- y el libro de cuentos que contiene la novela corta ubicada en Macondo, Los funerales de la Mamá Grande (1962).

 

Portada de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Primera edición. Editorial Sudamericana.

Portada de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Primera edición. Editorial Sudamericana.

Fue durante su exilio en México que compuso su obra maestra, la novela Cien Años de Soledad; el escritor colombiano armó todo un plan para su escritura: llevó a su esposa Mercedes Barcha y sus dos hijos, Rodrigo y Gonzalo, a vivir con su familia y permaneció 18 meses, consumiendo seis paquetes diarios de cigarrillos, casi sin salir de una habitación, en su departamento de México, a la que llamaba “la Cueva de la Mafia”. Ya que las deudas se acumulaban –había recibido un anticipo de apenas 500 dólares por la novela-, tuvo que vender su automóvil, así como los electrodomésticos y enseres de la casa. Cien años de soledad (1967, Buenos Aires, Argentina) se publicó con un tiraje de ocho mil ejemplares por la Editorial Sudamericana (editados por Francisco “Paco” Porrúa), convirtiéndose en una obra clásica de la literatura mundial, que ha vendido hasta la fecha más de cuarenta millones de ejemplares y ha sido traducida a cuarenta idiomas. Márquez ha señalado que es muy difícil encontrar en sus novelas “algo que no tenga un anclaje en la realidad”; Cien años de soledad no es la excepción, la historia surgió a principios de marzo de 1952, cuando “Gabo” viajó con su madre a Aracataca para vender la casa de los abuelos -en un inicio, pensó en titular su novela La casa, pero se decidió por Cien años de soledad para evitar confusiones con la novela La casa grande (1954) de su amigo Álvaro Cepeda Samudio-, donde vivió los primeros años de su vida con una hermana que comía tierra, una abuela que adivinaba el porvenir y un abuelo atormentado por el fantasma de un hombre al que mató en un duelo. Cien años de soledad  relata la historia de siete generaciones de la familia Buendía en el mítico poblado de Macondo -en un estilo influenciado por las novelas El sonido y la furia (1929) y Absalon! Absalon! (1936) del escritor norteamericano William Faulkner, en las que se cuenta la saga de la familia Sutpen en el condado de Yoknapatawpha-; los personajes se van sucediendo de generación en generación, repitiendo los nombres de sus antepasados, así se da la impresión psicológica de que el tiempo no pasa en Macondo; José Arcadio Buendía, el personaje que inicia la saga, es un soñador que confía en los descubrimientos del embaucador gitano Melquíades -quien redactó en sánscrito unos pergaminos con un siglo de episodios cotidianos de los Buendía, sin ordenar los hechos en forma cronológica, de modo que coexistieran presente y futuro en un mismo instante-; cuando Úrsula Iguarán le reclama a su esposo José Arcadio, los paralelismos con la vida del autor de la novela se hacen evidentes: “En vez de andar pensando en tus alocadas novelerías, debes ocuparte de tus hijos. Míralos cómo están, abandonados a la buena de Dios, igual que los burros”. Cien años de soledad toma elementos tanto de la novela de caballería  como del “realismo mágico”, que no es más que el realismo de la narración (“una adivinación poética o una negación poética de la realidad”, según Arturo Úslar Pietri, en su ensayo El cuento venezolano): un hombre con una cola de marrano, un muerto que se aparece en la noche, una máquina de la memoria que alivia la peste del insomnio, un sacerdote que levita con la ayuda del chocolate, un marinero fortachón lleno de tatuajes, personajes muertos que reaparecen, una hermosa mujer que se eleva por los cielos. La familia Buendía encuentra a cada paso un nuevo prodigio que es expuesto con un fino sentido del humor; por ejemplo, ante la posibilidad de que el fruto del amor incestuoso entre Arcadio y Úrsula sea un niño con cola de cerdo, Arcadio resuelve el problema con la frase: “No me importa tener cochinitos, siempre que puedan hablar”. Gabriel García Márquez a declarado “Soy uno de los seres más solitarios que conozco, y de los más tristes, aunque resulte increíble… La gente del Caribe es muy así aunque tienen fama de todo lo contrario, de gregarios, de pachangueros, de fiesteros, pero tú los ves en plena fiesta y están con unos ojos de melancolía…”. Los personajes de Cien años de soledad comparten esta soledad, esta melancolía, y los finales tristes: José Arcadio Buendía, el fundador de Macondo, termina su vida atado a un árbol; el paranoico coronel Aureliano traza un círculo de tres metros a su alrededor para evitar que se le acerquen y envejece elaborando pescaditos de oro que deshace y rehace en un pacto honrado con la soledad; el italiano Pietro Crespi se suicida al ser rechazado por su amada; la viuda Rebeca se encierra y vive sola y amargada por el resto de su vida; Amaranta se convierte en una solterona; el veterano de la guerra civil Gerineldo Márquez espera una pensión que nunca llegará; Aureliano Segundo pierde su fortuna y enloquece; Renata Remedios enmudece en un convento en señal de rebeldía; José Arcadio, que supuestamente estaba destinado a ser Papa, encuentra un tesoro que dilapida antes de ser asesinado en la alberca por cuatro niños que le roban el oro; a Mauricio Babilonia es herido de bala cuando lo confunden con un ladrón de gallinas y pasa el resto de su vida inválido; Aureliano, la última generación de los Buendía, nace con una cola de cerdo, pierde a su madre Amaranta Úrsula durante el alumbramiento y, debido a la negligencia de su padre Aureliano Babilonia, muere devorado por las hormigas. Gabriel García Márquez diseñó la arquitectura de su novela siguiendo el modelo bíblico: comienza con el Génesis de Macondo, su fundación, que debe pasar por el Éxodo de las familias fundadoras, desde la Guajira por la sierra hasta llegar a la ciénaga, también encontramos el relato del Diluvio que cae sobre Macondo por cuatro años, once meses y dos días, así como la plaga de la peste del insomnio y de la amnesia, la construcción del Templo, las profecías de los Pergaminos de Melquíades, la resurrección de personajes, la ascensión en cuerpo y alma de Remedios la bella, el nacimiento de un niño con cola de cerdo como signo del Apocalipsis final de Macondo. Como toda buena obra, Cien años de soledad ha sido objeto de múltiples interpretaciones –la más célebre, sin lugar a dudas, es la de Mario Vargas Llosa, García Márquez: historia de un deicidio (1971)-; pero cada lector le da un sentido diferente a la novela, cerrando así el círculo de la creación de la obra literaria. De cualquier manera, comparto la opinión de Mario Vargas Llosa: “Cien años de soledad es uno de los raros casos de obra literaria mayor contemporánea que todos pueden entender y gozar”.

 

Fotografía de Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.

Fotografía de Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.

Después de Cien años de soledad, García Márquez continuó su labor literaria con el Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (1969), el libro de cuentos La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada (1972), luego escribiría Cuando era feliz e indocumentado (1973), Chile, el golpe y los gringos (1974), el libro de cuentos Ojos de perro azul (1974), la novela El otoño del patriarca (1975), la recopilación Todos los cuentos 1947-1972 (1975), Operación Carlota (1977), su obra periodística Textos costeños (1981), la novela Crónica de una muerte anunciada (1981), el libro de conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza El olor de la guayaba (1982), el texto periodístico Viva Sandino (1982), la novela El amor en los tiempos del cólera (1985), el monólogo teatral Diatriba de amor contra un hombre sentado (1984), el reportaje Las aventuras de Miguel Littín clandestino en chile (1986), la novela sobre los últimos días de Simón Bolívar El general en su laberinto (1989), los relatos Doce cuentos peregrinos (1992), la novela Del amor y otros demonios (1994), la crónica del narcoterrorismo Noticia de un secuestro (1996), Su Obra periodística: 1. Textos costeños (1948-1952), 2. Entre cachacos (1954-1955), 2. De Europa y América (1955-1960), 3. Por la libre (1974-1995), 5. Notas de prensa (1980-1984), los ensayos sobre el proceso creativo La bendita manía de contar, Cómo se cuenta un cuento y Me alquilo para soñar (1998), la primera parte de sus memorias Vivir para contarla (2002)  y su última novela Memorias de mis putas tristes (2004), una fallida adaptación del cuento La casa de las bellas durmientes del escritor japonés Yasunari Kawabata.

 

Foto fija de la película El gallo de oro (1964, México), dirigida por Roberto Gavaldón. Protagonizada por Ignacio López Tarso (imagen), con el guión de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Roberto Gavaldón, basado en el relato de Juan Rulfo.

Foto fija de la película El gallo de oro (1964, México), dirigida por Roberto Gavaldón. Protagonizada por Ignacio López Tarso (imagen), con el guión de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Roberto Gavaldón, basado en el relato de Juan Rulfo.

Gabriel García Márquez también ha incursionado en el séptimo arte -aunque con menor acierto que en la literatura-, escribiendo el guión del cortometraje La langosta azul (1954, Colombia), dirigido por Álvaro Cepeda Samudio; y los guiones de las películas (algunos bajo seudónimo) El gallo de oro (1964, México), dirigida por Roberto Gavaldón; Tiempo de morir (1965, México), dirigida por Arturo Ripstein; Lola de mi vida (1965, México), dirigida por Manuel Barbachano; En este pueblo no hay ladrones (1965, México), dirigida por Alberto Isaac; Juego peligroso (Episodio “H.O.”) (1966, México), dirigida por Arturo Ripstein; Patsy, mi amor (1968, México), dirigida por Manuel Michel; Presagio (1974, México), dirigida por Luis Alcoriza; La viuda de Montiel (1979), dirigida por Miguel Littín; María de mi corazón (1979, México), dirigida por Jaime Humberto Hermosillo; El año de la peste (1979, México), dirigida por Felipe Cazals; Eréndira (1980, México), dirigida por Ruy Guerra; y Edipo alcalde (1996, Colombia), dirigida por Jorge Alí Triana. En 1991, adaptó para la televisión colombiana, junto con Lisandro Duque y Manuel Arias, la novela María, de Jorge Isaac.  Además se han filmado catorce películas y series de televisión basados en obras o argumentos suyos: la serie televisiva “La mala hora” (1977, Colombia), dirigida por Bernardo Romero Pereiro; las películas Cronaca di una morte annunciata (1987, Italia), dirigida por Francesco Rosi;  Erêndira (1983, Brasil), dirigida por Ruy Guerra; Un señor muy viejo con unas alas enormes (1988, Cuba), dirigida por Fernando Birri; Milagro en Roma (1988, Colombia, basada en el cuento “La Santa”), dirigida por Lisandro Duque Naranjo; Fábula de la bella palomera (1988, Brasil), dirigida por Ruy Guerra; Cartas del parque (1989, Cuba), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea; El coronel no tiene quien le escriba (1999, México), dirigida por Arturo Ripstein; Los niños invisibles (2001, Colombia), dirigida por Lisandro Duque Naranjo; Love in the Time of Cholera (2007,  Estados Unidos), dirigida por Mike Newell;  Del amor y otros demonios (2009, Costa Rica y Colombia), dirigida por Hilda Hidalgo; y Memoria de mis putas tristes (2012, México), dirigida por Henning Carlsen. En 1990, se reunió con el cineasta Akira Kurosawa, para planear la adaptación cinematográfica de la novela El otoño del patriarca a la época del Japón de los shogunes, pero el proyecto no obtuvo el financiamiento necesario. En 1986, participó en la fundación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), en San Antonio de los Baños, Cuba, en la cual imparte el taller “Cómo se cuenta un cuento”, impulsando de esa manera la carrera de muchos jóvenes cineastas. En 1992, Gabriel García Márquez fue nombrado jurado del Festival de Cine de Cannes. Las novelas de Gabriel García Márquez también han sido adaptadas al teatro; por ejemplo, Memoria y olvido de Úrsula Iguarán (1991, Colombia; basada en la novela Cien años de soledad), adaptada por Juan Carlo Moyano; y Crónica de una muerte anunciada (2000, Perú), adaptada por Jorge Alí Triana. Mientras que en el género la ópera, se estrenaron Florencia en el Amazonas (1991, Estados Unidos; basada en El amor en tiempos del cólera), con música de Daniel Catán y libreto Marcela Fuentes-Berain; Eréndira (1992, Alemania, basada en La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada), con música de Violeta Dinescu; y Love and others Demons (2008, estrenada en el Festival de Glyndebourne, Inglaterra, basada en Del amor y otros demonios) con música de Peter Eötvös y libreto de Kornel Hamvai.

 

 

Fotografía de la reina Silvia y el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, con Gabriel García Márquez (segundo por la izquierda) y su familia en el Banquete Nobel en el Ayuntamiento de Estocolmo, Suecia, el 10 de diciembre de 1982. Copyright © Svensk Reportagetjänst 1983.

Fotografía de la reina Silvia y el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, con Gabriel García Márquez (segundo por la izquierda) y su familia en el Banquete Nobel en el Ayuntamiento de Estocolmo, Suecia, el 10 de diciembre de 1982. Copyright © Svensk Reportagetjänst 1983.

La vida y obra del Gabriel García Márquez ha sido reconocida a partir del éxito de Cien años de soledad; en 1971, fue declarado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Columbia, en Nueva York; en 1972, Cien años de soledad obtuvo el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos; en 1977, fue homenajeado en el XIII Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana; en 1981, el gobierno francés le concedió la condecoración “Legión de Honor” en el grado de Gran Comendador; asistió a la posesión de su amigo y Presidente de la República, François Miterrand; en 1982 le otorgaron merecidamente el Premio Nobel de Literatura y fue formalmente invitado por el gobierno colombiano a regresar a su país. En su discurso de aceptación del Premio Rómulo Gallegos, Márquez profetizó: “Lo peor que le puede suceder a un hombre que no tiene vocación para el éxito literario, o en un continente que no está acostumbrado a tener escritores de éxito, es publicar una novela que se venda como salchichas. Ese es mi caso. Me he negado a convertirme en un espectáculo, detesto la televisión, los congresos literarios, las conferencias y la vida intelectual”. El escritor colombiano pensaba que los escritores no deben ser coronados y que todo homenaje público es una práctica de momificación. Desgraciadamente, la obra literaria de Gabriel García Márquez, “La momia de Aracataca”, posterior a Cien años de soledad -salvo por algunos chispazos de genialidad que encontramos en La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada y en Del amor y otros demonios-, se transformó en un mecanismo de construcción narrativa, como “la máquina de la memoria”  de José Arcadio Buendía, una fórmula que carece de la imaginación y de la riqueza de lenguaje de su obra maestra. Al margen de la crítica literaria (el poeta Pablo Neruda consideraba a Cien años de soledad “la mayor revelación en lengua española desde el Don Quijote de Cervantes; mientras que el crítico Harold Bloom acusaba a Márquez de “repetir siempre la misma receta”), podemos aseverar que la magia de la novela embrujó al mismo hechicero; la obra de Gabriel García Márquez se encuentra atrapada en el hechizo de Cien años de soledad; pues, a pesar de que los personajes y sus acontecimientos maravillosos se resuelven en el libro, su autor fue condenado a proyectarlos, como sombras chinescas, en sus textos posteriores; pero, como señalan los pergaminos de Melquíades: “todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. Gabriel García Márquez murió el 17 de abril de 2014, en la Ciudad de México; no hay ningún reproche: Cien años de soledad es suficiente razón para estar agradecidos con “Gabo” por toda la eternidad.

 

(Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela).

 

 

 

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