Armando Santos

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JOHN HUSTON, EL CINEASTA DE LOS PERDEDORES

Fotografía de John Huston, tomada el 25 de agosto de 1972, por Roy Jones/Evening Standard/Getty Images.

Fotografía de John Huston, tomada el 25 de agosto de 1972, por Roy Jones/Evening Standard/Getty Images.

Era una tarde soleada del año de 1944, una patrulla de soldados estadounidenses exploraba el territorio del pueblo italiano de San Pedro; la cámara se movía al compás del nerviosismo de los jóvenes combatientes, de pronto explotó una granada… los soldados se tiraron al piso, apuntaron sus rifles hacia el bosque y se hizo un silencio; el hombre de la cámara gritó: “¡Levántense, yo tiré la granada!” El camarógrafo era el cineasta John Huston, un director de cine capaz de hacer cualquier cosa con tal de filmar una buena escena. Huston realizó tres documentales para el ejército durante la Segunda Guerra Mundial: Informe desde las Aleutianas (Report from the Aleutians, 1943), La Batalla de San Pedro (The Battle of San Pietro, 1945) y Que se haga la luz (Let There Be Light, 1946); los protagonistas eran los pobladores que sufrían y los soldados que morían en escenas sangrientas o eran maltratados en los hospitales psiquiátricos; el gobierno americano prohibió la exhibición de los documentales y, en compensación, ascendió a Huston al grado de comandante y le otorgó la Legión del Honor.

Huston fue el cineasta de los perdedores, los aventureros que persiguen un sueño inalcanzable ―ya sea una valiosa estatuilla de un halcón, un tesoro, un botín, una ballena blanca o un reino lejano―, pues el director pensaba que “se puede ser perfectamente feliz en persecución de lo imposible”. John Huston condenaba el “canibalismo” de los directores de cine que filmaban películas sobre otras películas, en lugar de reproducir el mundo real; si bien muchos de los filmes de Huston estaban basados en novelas y obras de teatro, jamás dejó de imprimirles originales muestras de humanidad. Hijo del actor Walter Huston y de la periodista Thea Gore, nació el 5 de agosto del año de 1906, en Nevada, Missouri; estudió en una escuela militar en California, ahí comenzó a boxear y pasó de ser una adolescente debilucho a un auténtico atleta; su pasión por las aventuras lo llevó a México, donde militó en el ejército de Pancho Villa; posteriormente, vivió como pintor callejero en el barrio de Montmartre de París; luego se ganó la vida cantando en parques de Londres; de regreso a los Estados Unidos, se dedicó a escribir relatos para la revista neoyorquina American Mercury, mientras actuaba como extra en algunas películas; pero sería su trabajo de guionista cinematográfico el que le daría la oportunidad de brillar en los estudios Warner Bros.: Jezabel (1938), High Sierra (El último refugio, 1941) y El sargento York (1941). Sin embargo, nunca se mostró complacido con el tratamiento que le dieron a sus guiones: “Me hice director porque ya no soportaba ver como masacraban mis guiones”.

Huston dirigió El halcón maltés (The Maltese Falcon, 1941), la tercera adaptación cinematográfica de la novela de Dashiell Hammet; ya que era la primera vez que se colocaba tras la cámara, escribió el guión y elaboró el plan de la filmación; el reparto fue insuperable: Humphrey Bogart interpretó al cínico detective Sam Spade, Mary Astor a la femme fatale Brigid O’Shaughnessy, Peter Lorre al amanerado psicópata Joel Cairo, Elisha Cook jr. al pistolero homosexual Wilmer Cook y el obeso actor Sydney Greenstreet al avaricioso Kasper Gutman. La película acerca de unos personajes, con su violencia interior y exterior, en busca de una valiosa estatuilla en forma de halcón, marcó un hito en el cine negro; Huston siguió fielmente la obra de Hammet, sólo desviándose al final, cuando el detective Sam Spade responde la pregunta del teniente Dundy (Barton McLane) ―parafraseando el famoso verso de La tempestad,de William Shakespeare― acerca de qué es la estatuilla del halcón: “El material con que se forjan los sueños”.

Después del éxito de El halcón maltés, filmó Como ella sola (In This Our Life, 1942), un melodrama en que la hermana mala (Bette Davis) le hace la vida imposible a la hermana buena (Olivia de Havilland). Más tarde, Huston dirigió A través del Pacífico (Across the Pacific, 1942), una historia de espionaje, de nuevo con Bogart y Astor, que trató de repetir el éxito de su ópera prima, pero que no alcanzó la misma calidad, debido a que Huston abandonó el rodaje para enrolarse en el ejército, y el director Vincent Sherman la terminó. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, regresó a la industria del cine, escribiendo un par de guiones del género negro: The killers (1946), basado en un cuento de Ernest Hemingway, y The Stranger (1946), un filme dirigido por Orson Welles acerca de un criminal nazi que se oculta en los Estados Unidos. El cine negro le permitía expresar un punto de vista más crudo que la visión falsamente optimista de Hollywood; Huston quería demostrar que el sistema fascista derrotado militarmente en la Segunda Guerra Mundial, aún persistía en la sociedad americana, ya que el Comité de Actividades Antiamericanas, presidido por el senador Joseph McCarthy, había organizado una “caza de brujas” contra los artistas sospechosos de tener ideas “comunistas”. La respuesta política de Huston fue la organización del Comité a Favor de la Primera Enmienda Constitucional (enmienda que establece la libertad de expresión) que luchó en contra del maccarthismo, mientras que su contestación cinematográfica fue Cayo Largo (Key Largo, 1948), basada en la obra teatral de Maxwell Anderson, una historia en la que confluyen en un pequeño hotel en Cayo Largo, Florida, su propietario James Temple (Lionel Barrymore), su nuera Nora (Lauren Bacall), el ex comandante del ejército norteamericano Frank McCloud (Humphrey Bogart) y una pandilla liderada por el gángster Johnny Rocco (Edward G. Robinson), que toma de rehenes a Temple y Nora para salir del lugar; el mafioso Rocco se comporta como un político de la extrema derecha, por lo que McCloud, que deseaba dejar atrás los horrores de la guerra, se ve impulsado a pelear por Nora, quien afirma que la causa no está perdida mientras haya alguien dispuesto a luchar; la música de Max Steiner y la fotografía expresionista de Karl Freund resaltan la analogía entre el huracán que azota Cayo Largo y el enfrentamiento de los personajes.

Posteriormente, Huston dirigió El tesoro de la Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre, 1948), adaptación de la novela de Bruno Traven; en la película, ubicada en Tampico, tres vagabundos estadounidenses ―interpretados por Humphrey Bogart, Walter Huston y Tim Holt― se disputan un tesoro y, en el proceso, muestran su lado más oscuro: avaricia, hipocresía y traición; los esfuerzos de estos tres perdedores se ven recompensados con la muerte y la pérdida del oro arrancado a la tierra, que vuelve finalmente a ella; el filme ganó tres Oscar, relativos al mejor director y guión adaptado para John Huston, y actor secundario para Walter Huston, su padre. Su siguiente película fue Éramos desconocidos (1949), que exalta la actividad revolucionaria de un expatriado estadounidense (John Garfield) y China Valdés (Jennifer Jones), una joven cuyo hermano fue asesinado por los esbirros de Armando Ariete (Pedro Armendáriz), el Jefe de la policía secreta cubana. Después filmó La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle, 1950), en que el guión de Huston ―a partir de la novela de William Riley Burnett― funciona como mecanismo de relojería; el abogado deshonesto Alonzo D. Emmmerich (Louis Calhern), quien piensa que “el delito no es más que uno de los aspectos de la lucha por la vida”, su joven amante (Marilyn Monroe) y un grupo de delincuentes: el pistolero Dix Handley (Sterling Hayden), el cerebro Doc Riedenschneider (Sam Jaffe), el teniente de policía corrupto Ditrich (Barry Kelley), el experto en cajas fuertes Ciavelli (Anthony Caruso) y el gángster Lobby (Marc Lawrence),  organizan el asalto de una joyería como si se tratara de un negocio honorable, pero el hurto no sale como lo planearon; Huston marca el contraste entre la ciudad corrupta y el campo inocente: el filme inicia con un mísero amanecer urbano y concluye en una cristalina mañana rural, en que el moribundo pistolero Dix contempla los caballos de la granja de su niñez. La jungla de asfalto ha sido la fuente de inspiración para numerosos filmes de robos, desde The Killing (Kubrick, 1956) hasta Reservoir Dogs (Tarantino, 1992); pero en su época causó escándalo por humanizar a los delincuentes, a lo cual Huston replicó: “Las personas que consideran inmoral el filme tienen miedo de lo que la película despierta en ellos; se sienten criminales porque comprenden el estado de ánimo y las motivaciones de los criminales”.  Louis B. Mayer, director de la productora MGM, odió la película e incluyó a Huston en su “Lista negra”. John Huston tuvo que filmar una película “patriótica”, La roja insignia del valor (The Red Badge of Courage, 1951), inspirada en la novela de Stephen Crane, la MGM le impuso al “actor” Audie Murphy, un héroe de la Segunda Guerra Mundial, en el papel de un joven bravucón que huye de un combate en la Guerra Civil Americana; después, el personaje se sobrepone de su cobardía y encabeza un ataque victorioso.

 

                 

Huston partió al Congo, donde filmaría su siguiente película ―para los estudios independientes United Artists, Horizon y Romulus―, La Reina Africana (The African Queen, 1951), una adaptación de la novela de Cecil Scout Forester. El guionista Peter Viertel escribió en su novela Cazador blanco, corazón negro ―que inspiró el filme del mismo nombre dirigido por Clint Eastwood, en 1990― que las locaciones de la película sólo eran un pretexto para que Huston saliera de safari, pues el río Ruiki, afluente del río Congo, con sus lluvias torrenciales, sus nubes de mosquitos, su invasión de hormigas, sus peligrosas serpientes Mamba negra y su disentería ―sólo Huston y Bogart se salvaron de la enfermedad, ya que tomaban whisky en lugar de agua―, no eran un sitio seguro para filmar la película; de todos modos, la historia a color de Charlie Allnutt (Humphrey Bogart), el piloto del barco de vapor “La Reina Africana”, y Rose Sayer (Katherine Hepburn), la religiosa mujer que impulsa a Charlie a combatir contra un barco germano durante la Primera Guerra Mundial, fue un éxito de taquilla y le dio a Bogart un Oscar en la categoría de mejor actor principal. Si bien La Reina Africana representó la cúspide comercial del cine de Huston, también marcó su exilio de Hollywood debido a la persecución Maccarthista; el cineasta se mudó a Irlanda y adquirió la nacionalidad de ese país.

 

                  

Sus siguientes películas, sin alcanzar el éxito de la anterior, tuvieron una sobresaliente calidad: Moulin Rouge (1952), biografía del pintor Toulouse-Lautrec (José Ferrer), notable por el uso del color en la pantalla; La burla del diablo (Beat the Devil, 1953), película de intriga, con guión de Truman Capote, protagonizada por la pareja formado por Humphrey Bogart y Gina Lollobrigida; Moby Dick (1956), el fotógrafo Oswald Morris reprodujo las tonalidades de las pinturas marinas del siglo XIX en esta adaptación del escritor Ray Bradbury de la novela de Herman Melville, en la que Gregory Peck interpretó al irascible capitán Ahab, que a bordo del barco ballenero “Pequod” trata de cazar a “Moby Dick”, la ballena blanca que le arrancó la pierna. Después vendrían algunas películas de mediana calidad: Sólo Dios lo sabe (Heaven Knows, Mr. Allison, 1957), que reúne en una isla del Pacífico a un militar extraviado (Robert Mitchum) y una monja irlandesa (Deborah Kerr), en la Segunda Guerra Mundial; El bárbaro y la geisha (The Barbarian and the Geisha, 1958), que sitúa al actor John Wayne en el Japón del siglo XIX; Las raíces del cielo (The Roots of Heaven, 1958), basada en la novela de Romain Gary, con las actuaciones de Errol Flynn y Trevor Howard, acerca de un defensor de los elefantes africanos y un presentador de televisión que organizan una cruzada a favor de los animales.

 

                       

En los años sesenta, Huston recuperó su toque artístico con una serie de obras maestras: Los que no perdonan (The Unforgiven, 1960), película rodada en Durango, México, protagonizada por Burt Lancaster, en la cual una joven de origen indio (Audrey Hepburn), adoptada en secreto por una familia blanca, desencadena una guerra entre pioneros e indígenas kiowas, pues la joven fue raptada durante un ataca al campamento indio, pero esta película fue rechazada por su director ya que tuvo muchos problemas durante su rodaje (Audrey Hepburn se cayó de un caballo, sufrió un aborto y retrasó la filmación; y Huston tuvo varios pleitos con Rick Height, que financiaban la película, pues éste deseaba un western convencional y taquillero, mientras que Huston quería poner en evidencia el racismo de los americanos de origen europeo); The Misfits (1961) ―de aquí tomaría su nombre la legendaria banda punk―, un drama escrito por el dramaturgo Arthur Miller para su pareja Marilyn Monroe, quien actúa muy bien en el papel de Roslyn, una joven atormentada que llega a un rancho en Reno, Nevada, y es cortejada por un trío de vaqueros interpretados por Clark Gable, Montgomery Clift y Eli Wallach, quienes en una cacería de caballos salvajes muestran su lado más oscuro; La noche de la iguana (The Night of the Iguana, 1964), basada en la obra teatral de Tennesse Williams, con la extraordinaria fotografía de Gabriel Figueroa, Huston rodó en Puerto Vallarta ―el cineasta vivía en Las Caletas, cerca del puerto― esta fábula acerca de la represión sexual, en que se dan cita un alcohólico ex pastor protestante (Richard Burton), una provocadora jovencita (la “Lolita” Sue Lyon), una sensual mujer (la bellísima Ava Gardner), una solterona puritana (Deborah Kerr) y su abuelo (Cyril Delevanti), un poeta centenario; Reflejos en un ojo dorado (Reflections in a Golden Eye, 1967), basada en la novela corta de Carson McCullers, un filme que explora la homosexualidad del comandante militar Penderton (Marlon Brando) y la insatisfacción de su infiel esposa Leonor (Elizabeth Taylor), quienes aparentan ser una “pareja normal”.

 

                    

Lamentablemente, otros filmes como Freud (Freud: The Secret Passion,1962) ―Jean Paul Sartre colaboró en el guión―, El último de la lista (The List of Adrian Messenger, 1963), La Biblia (The Bible: In the Beginning, 1966), Casino Royale (1967), La horca puede esperar (Sinful Davey, 1969), Paseo por el amor y la muerte (A Walk with Love and Death, 1969) La carta del Kremlin (The Kremlin Letter, 1970), El juez de la horca (The Life and Times of Judge Roy Bean, 1972) y El hombre de Mackintosh (The Mackintosh Man, 1973), no estuvieron al mismo nivel.

 

                  

Sin embargo, Huston resurgió con tres películas fundamentales de su filmografía: Fat City, ciudad dorada (Fat City, 1972), un largometraje del género negro, espléndidamente fotografiado por Conrad L. Hall, inspirado en la novela de Leonard Gardner, que narra la patética vida de un par de boxeadores: Billy Tully (Stacy Keach) ―el veterano alcohólico que intenta regresa al ring― y Ernie Munger (Jeff Bridges)  ―el novato sin mucho futuro―; en la escena final de la película, Billy le comenta a Ernie, refiriéndose al camarero: “¿Te gustaría despertarte por la mañana y ser él? Antes de dar tumbos por la vida, prefiero irme directo al sumidero”, demasiado tarde, pues ambos están en el hoyo y la película termina en el silencio, con el par de perdedores contemplando su taza de café; El hombre que pudo ser rey (The Man Who Would Be King, 1975), adaptación del relato de Rudyard Kipling, que capta el “espíritu del libro” sin caer en los excesos pro-imperialistas del escritor; en este filme, Huston cuenta, en un largo flash back,las aventuras de los sargentos británicos Peachy Carnehan (Michael Caine) y Daniel Dravot (Sean Connery) en su búsqueda de la legendaria Kafiristán, con el propósito de ayudar a una tribu a defenderse de sus enemigos y de esa manera ser coronados reyes y hacer pasar a Dravot por un dios; Sangre sabia (Wise Blood, 1979), un alegato contra el fanatismo basado en la novela de Flannery O’Connor, que describe la cruzada del predicador sureño Hazel Motes por establecer una “iglesia sin Cristo”; John Huston declaró, en su autobiografía Un libro abierto, que deseaba que Sangre sabia demostrara algo: “No estoy seguro qué…, pero algo”.

En la década de los ochenta, Huston aceptó dirigir algunas películas comerciales ―Phobia (1980), Escape a la victoria (Escape to Victory, 1981) y Annie (1982)― con el único propósito de mantener a sus “demasiadas esposas” ―se caso cinco veces―; sin embargo, los tres últimos filmes de Huston dieron una clara muestra de su talento: Bajo el volcán (Under the Volcano, 1984), adaptación de la novela de Malcolm Lowry, con fotografía de Gabriel Figueroa, sobre la jornada autodestructiva del cónsul británico Geoffrey Firmin (Albert Finney), quien se entrega a la bebida el Día de Muertos, en la ciudad de Cuernavaca; El honor de la familia Prizzi (Prizzi’s Honor, 1985), basado en la novela de Richard Condon, acerca de una pareja de asesinos de la mafia, interpretados por Jack Nicholson y Kathleen Turner; gracias a esta película, la actriz Anjelica Huston ganó un Oscar a Mejor Actriz Secundaria; Los muertos (The Dead, 1987), Huston dirigió su último filme desde una silla de ruedas y con una mascarilla de oxigeno, adaptación de su hijo Tony Huston de un cuento del libro Dublineses,de James Joyce, aquí Anjelica Huston protagoniza un relato que parte de una velada y el recuerdo de un amor adolescente que provoca una canción.

John Huston, quien murió el 28 de agosto del año de 1987, en Middletown, Rhode Island, pensaba que los elementos fundamentales de una película son el reparto y el guión; escogía a los actores que tuvieran una personalidad parecida a la de los personajes del filme, luego los impulsaba a que actuasen siguiendo sus instintos, de manera que ningún actor o actriz estaría mejor en ese papel que quien lo interpretaba en la pantalla; sus guiones, ya fueran originales o adaptaciones, reflejaban el lado oscuro del sueño americano, una galería de fracasados compulsivos que perseguían sueños imposibles, pero que, frente a la cámara, brillaban con luz propia; la crónica de los perdedores nos demuestra que los infortunios traen una enseñanza, como dice Esquilo, en su obra Agamemnón: “Él condujo a los hombres al saber, estableciendo como ley: ‘el aprender sufriendo’”.

                                                        (Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela)

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Un comentario el “JOHN HUSTON, EL CINEASTA DE LOS PERDEDORES

  1. plared
    enero 3, 2013

    Buen repaso al mejor director de perdedores que ha dado el cine. Que en Fat city, digamos que eleva su ultima y definitiva campanada sobre ellos. Grande sin duda. Saludos

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