Armando Santos

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FEDERICO CANTÚ, LA INEVITABLE MANÍA DE CREAR

“Lo único que no puedo evitar es hacer arte; nunca me pongo a pensar si esto o aquello es lo mejor o lo peor, simplemente tomo los pinceles y pinto, de este impulso no me puedo detener, es algo superior a mis fuerzas, y ya”, decía Federico Cantú Garza, aunque esta confesión la podría rubricar cualquier artista que haya sido arrebatado por el delirio de la creación.

La “crítica de arte” Raquel Tibol calificó a Federico Cantú como “El Gran Olvidado”; pero a lo largo de su vida, e incluso después de su muerte (acaecida en la ciudad de México, el 29 de enero de 1989; sus restos descansan en la Capillade la UniversidadIntercontinental, en la Ciudadde México, al pie de su mural Dios Padre y Crucifixión), el artista cosechó innumerables reconocimientos; para muestra, en 1986, la exhibición homenaje, Federico Cantú. Ciclos y reencuentros fue presentada en el Palacio de Bellas Artes por el entonces Presidente de la República, Miguel de la Madrid. Tampoco se puede afirmar que su obra no haya sido estudiada; la bibliografía sobre Federico Cantú es abundante, baste mencionar Federico Cantú: Obra realizada de 1922 a 1948 de los célebres críticos de arte Luis Cardoza y Aragón y Salvador Toscano. La obra de Federico Cantú no pasa inadvertida en su tierra, la vemos en el logotipo del IMSS (Nuestra Señora del Seguro Social: una madre que amamanta a su hijo protegida por el Águila Nacional; Cantú explicó que la Madonna del IMSS “es la madre con el niño en los brazos, representando al pueblo de México, y la nación los protege representada por el símbolo patrio, porque son lo más sagrado de su esencia, es lo que viene a ser una representación de la seguridad social, pues nadie dará mayor cuidado y protección que una madre a su hijo”), en la escultura La Maternidad ubicada en el Parque Hundido de la Gran Plaza de Monterrey, en los óleos de la versión contemporánea de la Virgen de Guadalupe y del Santo Cura D’Ars de la Iglesia de la Purísima de Monterrey, en los relieves sobre piedra en las Facultades de Ingeniería Civil y de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), en la estatua de Alfonso Reyes ubicada en los jardines de esta última Facultad, en la estela de la “Virgen Sabiduría”, la diosa Palas Atenea, colocada en el umbral de la Biblioteca Universitaria Capilla Alfonsina de la UANL, en el grabado en bronce que se encuentran en la parte baja de la Torre de Rectoría de la UANL y en el Chac Mool ubicado en los jardines aledaños a la propia Torre de Rectoría, en  los murales y Amenofis IV del Museo Fundidora, de Monterrey, Nuevo León, Caída Tenochtitlan del Museo de Historia Mexicana, Caída de Troya de la Pinacoteca de Nuevo León en el edificio del Colegio Civil Centro Cultural Universitario, donde también se está la escultura (vaciado en bronce) Leda y el cisne. Sin embargo, la burocracia cultural todavía no ha construido un gran museo que albergue buena parte de la abundante obra de este gran maestro de la pintura, el grabado y la escultura.

Federico Heráclito Cantú Garza siempre ha estado sujeto a debate; nació el 3 de marzo de 1907, a las 2:45 horas, en 13 ½ de la calle 5 de Mayo, en Monterrey, Nuevo León (muchos diccionarios biográficos  y enciclopedias dan la fecha de 1908; cabe aclarar que según las investigaciones realizadas por Adolfo Cantú, albacea de la sucesión testamentaria y nieto del artista, por conveniencia Federico Cantú dejo la fecha de 1908); su padre, Adolfo Cantú Jáuregui, era médico y periodista en los diarios Monterrey News, Zigzag y La semana y Sueño, desde donde combatió a la dictadura de Porfirio Díaz y al gobernador de Nuevo León Bernardo Reyes; su madre, María Luisa Garza Quintanilla, conocida como “Loreley”, fue una novelista y periodista que abogó por los derechos de los indocumentados mexicanos en los Estados Unidos. Cuando la familia Cantú vivía en San Antonio, Texas, durante la Revolución Mexicana, el niño Federico Cantú ya mostraba inquietudes artísticas: “De muy chico, viviendo en San Antonio, me enamoré profundamente de mi maestra, en la escuela primaria; ella me celebraba todas mis obras tempranas, y fue ahí, frente al pizarrón de la escuela, donde inicié mi carrera pictórica”.   A los 14 años de edad, Federico se mudó con su familia a la Ciudad de México, donde ingresó en la Escuela de Pintura al Aire Libre de Coyoacán, dirigida por el regiomontano Alfredo Ramos Martínez, un auténtico maestro y artista de prestigio internacional; ahí conoció la corriente impresionista y aprendió las técnicas de las artes plásticas en un ambiente antiacadémico. Luego trabajó como asistente (“tlacuilo”) de Diego Rivera en la elaboración de los frescos enla Secretaría de Educación Pública; éste sería su primer acercamiento a la pintura mural y al mexicanismo; tiempo después, comentaría de su experiencia con Rivera: “Es sorprendente ver a Diego cómo resuelve directamente en el muro cualquier tipo de problema; la capacidad para dedicar horas enteras al trabajo mural creo haberla aprendido del maestro Rivera”.

Por recomendación de Alfredo Ramos Martínez, nació en Federico Cantú el deseo de conocer el ambiente cultural de vanguardia que se vivía en Europa, por lo que a sus 17 años se trasladó al Viejo Continente; durante su estancia en París, se relacionó con el grupo de artistas que rodeaban a Pablo Picasso, así como el grupo surrealista que dirigía André Bretón. Aprendió la talla directa en el taller de José De Creéft. Además, Cantú experimentó en la técnica del dibujo; su cuaderno, llamado “Colección de Paris”, es una clara muestra de su talento en obras de formato pequeño; desgraciadamente, perdió tres baúles llenos de dibujos hechos en La Grande Chaumiere, una academia donde mediante unas monedas se podía acceder a modelos en una clase comunal. Esta sería la constante en la vida de Federico Cantú; algunas de sus principales creaciones se perderían o serían destruidas. Los dibujos de Cantú están inspirados en el ambiente parisino y las ideas surrealistas de su amigo Antonin Artaud; sobresalen las obras: El diablo no la dejaba ir (1933, tinta sobre papel), que mezcla las imágenes de un maya dibujando un códice, el diablo reteniendo a la Venus de Sandro Botticelli y un parisino alcoholizándose en el fondo del dibujo; A la Marie du 6eme arrondissement (1932, tinta sobre papel), donde un arlequín con sombrero de copa supervisa los malabares alquimistas de la “Madame de Pataphysique”, una mujer con rasgos africanos que destila el licor del “Doctor Faustroll”,  que seguramente provoca la inscripción “ALEGRETTO” al pie del dibujo; Pernaud Fils (1932, tinta sobre papel), en el cual Cantú se pule en la composición de una escena típicamente parisina, dos parroquianos sentados a la mesa de un bar, beben el licor “Pernaud Fils”, uno de los hombres aprovecha la distracción de su compañero para sujetar su mano, en lo que parece el inicio de una pelea.

A principios de los años 30, estudió la serie de los pierrots de Pablo Picasso; a resultas de este análisis, creó varios cuadros sobre los personajes de la  commedia dell’arte (Arlecchino, Pulcinella, Franceschina, el Capitano, Pantalone, Brighella, el Dottore, etc.), dibujados con refinamiento en las formas y pintados con gamas opacas. En Los Arlequines (1930, Colección Andrés Blastein, óleo sobre tela) realizó una composición teatral, poniendo, sentados a la mesa, a tres personajes: un sensual Arlequín, vestido con un traje a rombos rojos y sombrero del mismo color, abraza a una rubia desnuda, quien voltea para que el espectador se sienta como un voyeur, mientras un Pierrot, vestido de blanco con lunares oscuros y níveo sombrero, se limita a mirar triste y aburrido a la pareja; a diferencia de Picasso, que dibujaba al Arlequín como su alter ego, Federico Cantú lo representa como la imagen aburrida y decadente de la burguesía. El cuadro Los Arlequines fue el preámbulo de las obras al óleo sobre tela, pintadas con el artista Roberto Montenegro -quien para sus dos panos tomó el tema del Arlequín y la ópera, el Teatro de la Feniche, de Venecia-, que decoraron el bar “El Papillon” de la Ciudad de México,  Vida, Pasión y Muerte de Arlequín. Riviere a gauss rivere a duat –que representan para Cantú, en sus dos panos Riviere a gauss Pano I (Montparnasse) y Rivere a duat Pano II (Montmatre), los dos lugares de ateliers en París, primero de fines del XIX y con la migración a Montparnasse en el XX-, a petición del comerciante parisino León Tissot, quien posteriormente le encargaría pintar sobre espejos una imagen con serie de guirnaldas, pájaros, ardillas, mariposas y venados, todo sobre yedras; por desgracia, esta última obra se perdió.  Vida, Pasión y Muerte de Arlequín, Riviere a gauss Pano I (Montparnasse), Federico Cantú escenifica las fiestas del atelier en la Rue del Ambre, con la música de guitarra, los arlequines bohemios, el mecenas León Tissot recostado, el desnudo de espaldas de una mujer y una bailarina de cancán. Mientras que en Rivere a duat Pano II (Montmatre), aparece el barril de amontillado, una referencia a Edgar Allan Poe, en donde se encuentra su amigo Antonin Artaud, también se aprecia la figura de la pintora y acróbata Suzanne Valadon, madre del afamado pintor Maurice Utrillo, además del propio Federico Cantú representado con sombrero de copa; y unos perros que pelean al ritmo de la música del fonógrafo. Los cuadros sobre el tema de los arlequines precedieron a la realización de su obra  El Triunfo de la Muerte (1938, Philadelphia Museum of Art, originalmente en la colección del norteamericano MacKinley Helm): en el cuadro aparece el personaje de Ruth, fuera de su contexto bíblico, con la mano recargada sobre el personaje de Polichinela, quien escucha a un Arlequín cantarle, mientras un gato ataca a la Muerte -el mismo gato de la familia aparece en Ruth (desnudo de la Colección Andrés Blastein, 1937), su Primer retrato de Gloria y un Autorretrato (ambos de 1938; colecciones particulares), donde el modelo se mimetiza con el felino- y el pintor, Federico Cantú vestido de Pierrot, observa todo asombrado.

A lo largo de siete décadas de arduo trabajo artístico, Federico Cantú realizó numerosos autorretratos, en los que se dibujaba, ya sea directamente (Autorretrato con dos toros, de 1932; Autorretrato con camisa roja, de 1955; y Monogramas, entre 1945 y1985, entre otros), o indirectamente, dentro de las obras que hacían referencia a los ámbitos del arte, de la religión y la filosofía (Rafael y la fornarina, Villon, Triunfo de la muerte, Ulises, Al despertar de un sueño, Moisés, Huida a Egipto, Dios Padre, La cena y Cristo Muerto, entre otros). Entre los primeros autorretratos del artista destaca Autorretrato como Lucifer, pintado en Paris, en el año 1927, que hace referencia al demonismo característico del Romanticismo y a los rasgos físicos del artista. Al respecto, Cantú declaró: “Con los años mis facciones expresan una actitud demoniaca, sin embargo dedico mi obra a Dios”. A lo largo de cuatro décadas, Federico Cantú plasmaría su fe en una serie de autorretratos, en diferentes técnicas, grabados, tintas, temple y óleos, en los que aparece como San Juan Bautista, el primero de los cuales fue Madona y quinteto de ángeles músicos. También destacan las obras autoconsciencia en la que Cantú se autorretrata en su faceta de artista: Autorretrato con chistera y guitarra, de 1934, un cuadro que Cantú conservó, compuesto por un pasaje bucólico europeo de fondo, en el que el artista aparece como un músico bohemio, descalzo, con un pantalón raído, una camisa abierta y un elegante sombreo de copa, que toca la guitarra, sentado en unos barriles, bajo la sombra de un árbol, mientras que su amada, semidesnuda, duerme plácidamente; Autorretrato con dos toros, de 1932, adquirida por el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, en el que Federico Cantú aparece en primer plano entelando un marco, mientras el viento agita su cabellera y mueve las ramas de un árbol, y dos toros yacen tranquilos en el fondo de un paisaje nocturno; y Autorretrato con paleta, de 1950, en el que Cantú posa a la manera de Rembrandt, a quien rinde homenaje, en esta obra, fruto de una técnica depurada, que plasma la personalidad del artista de manera magistral.  Sin embargo, tal vez el mejor autorretrato de de Federico Cantú es Autorretrato con Tristemente, de 1937, obra que el artista conservó, pues era su autorretrato favorito; si bien “Tristemente”, su querido gato, también fue pintado en otros cuadros, como Ruth, retrato de la casera prostituta de Antonin Artaud, pintado en México, en 1937; El Triunfo de la Muerte, pintado en Nueva York, en 1938; y Retrato de Gloria con Tristemente, de 1938; en Autorretrato con Tristemente se muestra al felino de una modo original, enrollado en el cuello de Cantú, como si fuera una estola, de modo que la simbiosis entre el artista y el gato resulta evidente, muy a la manera de La dama del armiño, de Leonardo da Vinci.

En 1943, Federico Cantú ingresó como maestro en la Escuelade Pintura y Escultura La Esmeralda, invitado por Antonio Ruiz “El Corcito”; en este mismo año, raíz de una visita a San Miguel de Allende para impartir un seminario de pintura mural, el crítico y coleccionista McKinley Helm le propuso trabajar sobre los muros de la Parroquiade San Miguel de Allende, a cargo de un sacerdote llamado José de Mercadillo; Federico Cantú pintó los frescos de La Ultima Cena, La Crucifixión, San Miguel Arcángel, El Cristo Muerto y Dos parejas de ángeles orando. Una vez consagrada la capilla, algunas señoras beatas del pueblo criticaron la obra porque los ángeles se parecían a las empleadas del hotel en el que el pintor se hospedaba; Federico Cantú explicó que las imágenes tenían un significado profundo que las unía a la identidad de México, de allí que aparecieran en el paisaje nopales y magueyes, que la Virgen y la Magdalena se cubriesen con rebozos y que el Cristo tuviese la tez morena; sin embargo, el sacerdote José de Mercadillo no entendió razones y cubrió con cal y arena las imágenes religiosas; el acto de censura generó un escándalo y el cura trató de corregir su “error” de una manera torpe: picó con herramientas el aplanado, de modo que los frescos quedaron irreconocibles; tiempo después, cuando le preguntaron a Cantú sobre el fallecido cura José de Mercadillo, respondió sarcástico: “Dios lo tenga en su Santo Seno… ¡pero a fuego manso!”. Esta pérdida  no sería  la última que sufriría el artista; en 1955, le robaron ocho jaguares de Tula que había esculpido para el director del Seguro Social, Benito Coquet; a finales de los años 60, a petición del director de PEMEX, Jesús Reyes Heroles, pintó dos cuadros para la casa de visitas de las instalaciones de la paraestatal en Coatzacoalcos, pero años después un funcionario se llevó los cuadros a su casa y los vendió, desconociéndose hoy su destino; en agosto de 1961, Federico Cantú realizó, con la ayuda de canteros, el mosaico del Águila del Escudo Nacional Mexicano sobre un nopal, con el escudo de la entonces Universidad de Nuevo León en su pecho (la antorcha y el elipse del electrón), realizado con miles de piedras de distintos colores, sobre la explanada de Rectoría de la Máxima Casa de Estudios de Nuevo León; pero, en el año 1980, las autoridades de la UANL, durante la administración del rector Dr. Alfredo Piñeyro, construyeron la Capilla Alfonsina ¡sobre el mosaico de Federico Cantú!; del mural de Cantú sólo quedaron las inscripciones, ubicadas al costado de la actual escultura monumental de la Flama, de la fecha de la conclusión de la obra, II, X, MCMLXI (2 de octubre de 1961), así como las iniciales de los canteros y de Federico Cantú (FC, con el perfil adusto del artista dentro de la letra C); a nadie parece importarle el desaguisado, excepto a la escultura de la Virgen Sabiduría, Palas Atenea, que está con el rostro inclinado, lamentándose de la injusticia cometida contra su creador; la última desgracia que sufrió en vida Federico Cantú ocurrió en “La Fonda de Andrés”, rincón bohemio del fallecido poeta Andrés Huerta, quien solicitó insistentemente a Cantú le dibujara un desnudo en una pared del restaurante, pero, un día, la Primera Dama de Filipinas, Imelda Marcos, anunció su visita al establecimiento, por lo que los agentes de seguridad que preparaban su arribo, al ver el dibujo, lo cubrieron de pintura blanca; Andrés Huerta pidió al artista que volviera a dibujar una obra, Federico Cantú tomó un marcador y escribió enfadado: “Chinguen a su madre todos. Federico Cantú”. Las calamidades no pararon ahí, en 1961, esculpió, con la ayuda de Guadalupe Guadiana, Rutilio Ventura, Juan Xuache, Ángel y Carlos Manzano, el relieve monumental El Flechador del Sol, un mural de 650 metros cuadrados, único en su tipo en todo México, en el acantilado de Los Altares, Iturbide, Nuevo León, en la carretera Linares-Galeana, un sitio inadecuado para un relieve de esta magnitud, pues la erosión y la humedad comenzó a destruir la obra (la falta de mantenimiento, debido a la negligencia de las autoridades encargadas de la cultura, durante el gobierno de Fernando Canales Clariond y los anteriores, también contribuyó al desastre), hasta que finalmente, el 21 de junio de 2002, se derrumbó la mayor parte (el relieve trataba el tema de la flora y la fauna, representada por la diosa prehispánica del maíz Xilonén, quien es protegida por el Águila del Escudo Nacional Mexicano, un motivo recurrente en al obra de Cantú; además, en representación de Nuevo León, sobresale la figura del Flechador apuntando al Sol, junto con los retratos del Presidente Adolfo López Mateos, el Secretario de Obras Públicas Javier Barros Sierra y el Gobernador de Nuevo León Raúl Rangel Frías, así como el autorretrato de Federico Cantú, un jaguar con el sobrenombre de “Tigre de Cadereyta”); en 1949, Federico Cantú pintó, en la residencia de Alfonso “El Chato” Noriega, el fresco de una Madonna con ángeles, una obra sobre la maternidad; pero desgraciadamente, el ex presidente Ernesto Zedillo compró la mansión, y a la esposa del político no le gustaron los murales, y Zedillo se deshizo de ellos; y entre 1950 y 1952, Cantú pintó, en la casa de Benito Coquet, los murales Amenofis IV, Caída de Tenochtitlan, Caída de Troya y El Quinteto de Ángeles Músicos; varias décadas después, cuando los herederos de Coquet decidieron vender la residencia, el entonces gobernador de Nuevo León Natividad González Parás adquiere a nombre del Estado los tres primeros murales, pero El Quinteto de Ángeles Músicos, que requería un trabajo de desprendimiento para sacarlo completo, fue abandonado ante la indiferencia del Gobernador de Nuevo León, González Parás, y de la entonces Directora del Conaculta, Sari Bermúdez, durante el sexenio de Vicente Fox, por lo que se perdió al permitirse el derrumbe de la residencia Coquet.

Pese a los infortunios, Federico Cantú tuvo más momentos de gloria que tragedias; en el Museo Regional de Michoacán, pintó los frescos de Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1954); sobre esta obra, el artista comentó: “Sobre el pueblo tarasco cae la peor de las desgracias, los Cuatro Jinetes del Apocalipsis fueron guiados por Nuño de Guzmán; él superó por mucho la maldad de Cortés y Alvarado. Por ello pinté el glifo indígena que representa al bandido montado en un caballo grotesco y con un perol de víboras, porque así veía el indio la Conquista”.  En el ex convento de San Diego, antes Pinacoteca Virreinal y hoy Laboratorio Arte Alameda, de la Ciudad de México, realizó el mural llamado Los informantes de Sahagún (1958); luego, en 1962, esculpió los bajorrelieves en el Centro Médico Nacional de Pediatría del IMSS; así como La Tira de la Peregrinación Azteca, en el actual Centro Médico Siglo XXI; y El Padre Hidalgo y sus enseñanzas, parala Clínica del IMSS, en León, Guanajuato.

Se ha dicho que Cantú era un apasionado del arte académico, “un clásico”, algunos críticos lo atacan por su falta de “originalidad”; si bien Federico Cantú participó en las tres grandes escuelas del arte del siglo XX: la Escuelade París,la Escuelade Nueva York yla Escuela Mexicanade Pintura, nunca siguió una corriente académica; su “clasicismo” consistía en los temas mitológicos, tanto griegos como indígenas e hispánicos, que mezclaba en sus composiciones pictóricas; el artista amante del arte y la música barroca, jamás buscó la originalidad: “Con respecto a la originalidad diré que en el arte no existe nada más detestable que la búsqueda de la originalidad, además podríamos decir que la originalidad no se adquiere por medio de rebuscamientos, en una palabra, o se hace arte o no se hace, el buen pintor por lo general es intuitivo, digamos, visceral”, afirmaba el artista. Tal vez la mejor valoración de la obra de Federioc Cantú la escribio el crítico de artes plásticas Luis Cardoza y Aragón: “No podemos vacilar en considerarlo como uno de los más consumados pintores. Cantú sabe pintar con maestría y talento, él llega a la expresión de lo más escondido, apasionado y puro de su fuerza”. Federico Cantú se hizo famoso por sus obras de gran tamaño; sin negar el esfuerzo titánico, la inevitable manía de crear del artista que concibió su obra en grandes trozos de piedra o de lienzo, creo que el mejor Federico Cantú no está en los grandes murales que parecen relieves o en los relieves que confunden lo grande con lo grandioso, sino en las pinturas, en los grabados y en las esculturas de menor tamaño y mayor calidad artística. Esta es mi opinión; opinión que, seguramente, tendría sin cuidado al gran Federico Cantú.

(Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela).

                  

 

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5 comentarios el “FEDERICO CANTÚ, LA INEVITABLE MANÍA DE CREAR

  1. adolfo cantu
    abril 11, 2012

    Solo dos comentarios maestro Santos:
    La fecha si es 1907
    Pero por conveniencia de Federico Cantú la dejo en 1908
    Como albacea de la sucesión testamentaria y nieto del artista
    dedique tiempo a esta investigación.
    Y por otra parte el “triunfo de la muerte” es la obra de Filadelfia
    Y los dos panos del Bar Papillon se llaman “Vida pasión y Muerte de Arlequín
    Riviere a gauss rivere a duat”
    que representan los dos lugares
    De ateliers en Paris primero de fines del XIX y con la migración a Montparnasse en el XX
    http://viepassionmortdarlequin.blogspot.mx/

    Adolfo Cantú

    • Armando Santos
      abril 12, 2012

      Don Adolfo Cantú. Muchas gracias por las correcciones; haré las modificaciones convenientes al artículo. Le envío un saludo. Atte. Armando Santos.

      • Claudia Leal Villalpando
        abril 25, 2012

        pork tienes que cambiar el articulo si ,,,,,,,estaba mejor antes k ahora… 😦

      • Armando Santos
        abril 25, 2012

        Lo cambié para que los datos fueran más precisos (aunque se pierde un poco de ritmo en el texto).

  2. Gabriel Fco. Díaz del Campo L.
    julio 30, 2012

    En una investigación realizada por un servidor, encontré que existe o existía un mural más en el edificio principal del IMSS en Reforma, denominado “Quetzalcoatl Haciendo Beneficios al Pueblo”
    ¿Está destruido? o aún existe. Me gustaría saber los sitios en que podemos encontrar a Federico Cantú en la Ciudad de México, se de otros relieves o esculturas en la Lotería Nacional

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