Armando Santos

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VIRGINIA WOOLF, UNA OLA QUE ROMPE EN LA PLAYA

Fotografía de Virginia Woolf, tomada por George Charles Beresford, en julio de 1902

Una joven de 22 años, suicida frustrada, siente que la depresión la asedia como una sombra y no encuentra la salida; su familia, preocupada, se reúne alrededor de su lecho y escucha una extraña confesión: “los pájaros cantan en griego”. La muchacha que oía el canto de las aves en el idioma de Aristóteles era Virginia Adelina Stephen, mejor conocida como Virginia Woolf -tras su matrimonio en 1912 con el escritor Leonard Woolf-, una mujer que plasmaría los recovecos de la mente en una prosa jamás superada.

Virginia Woolf, nacida el 25 de enero de 1882, en Londres, Inglaterra, a quien sus hermanos apodaban la “Cabra”, llevaba en sus genes el hado de la curiosidad intelectual y la locura; James Stephen, su abuelo, era un funcionario promotor de la causa antiesclavista que evitaba los espejos, pues se consideraba un ser monstruoso; Virginia heredaría su inclinación hacia las causas sociales, en su caso los derechos de la mujer, y su aversión a ser retratada o fotografiada. Leslie Stephen, el padre de Virginia, era un estricto biógrafo que redactó el Dictionary of National Biography, obra monumental que le dio mucho prestigio enla Inglaterra victoriana. Mientras que su madre, Julia Prinsep Jackson, era una belleza, nacida enla India, que después se mudó a Inglaterra, donde fue modelo de varios pintores prerrafaelitas, como George Frederik Watts y Edward Burne-Jones, quien la pintó en “The Princess Sabra Led to the Dragon” y “The Golden Stairs”, así como de fotógrafos de talento, entre los que se encontraba su tía Julia Margaret Cameron. Los padres de Virginia tenían matrimonios previos, de los que habían enviudado; Leslie Stephen se había casado con Minny Thackeray, la hija menor del célebre novelista William Thackeray, de la que tuvo una hija, Laura Makepeace Stephen, quien vivió con la familia hasta que terminó en el manicomio, en el año 1891. Julia, por su parte, tuvo tres hijos de su matrimonio con Herbert Duckworth: George, Stella y Gerald Duckworth. La extensa prole se completaba con los cuatro hijos de Leslie y Julia: Vanessa, Thoby, Virginia y Adrian Stephen.

Mientras los hermanos y hermanastros de Virginia se instruían en prestigiosas escuelas y universidades, Virginia recibía clases de su padre Leslie y su madre Julia; esta injusta situación amargaba a la estudiosa Virginia, y ocasionaba fricciones con su padre. La vida de la familia Stephen transcurría en aparente quietud, con largas temporadas veraniegas (1882 y 1894) en Saint Yves, Cornualles, al sur de Inglaterra, un lugar donde Virginia podía pasear, nadar, pescar y leer con despreocupación; pero el año de 1895, la tranquilidad se vio alterada por una serie de terribles acontecimientos: uno de sus tíos, James, sufrió un accidente que le causó la locura; su madre Julia, la mujer que siempre estaba preocupada por los demás, murió; además, Virginia comenzó a sufrir el acoso sexual de sus hermanastros George y Gerald Duckworth. Virginia tuvo su primer peiodo depresivo, que duró casi seis meses. A finales de 1896, el doctor Seton, médico familiar de los Stephen, recomendó que suspendiera sus clases privadas y sus lectores, lo cual resultaba intolerable para una apasionada lectora como Virginia. La situación familiar se agravó con la muerte, en 1897, de su media hermana Stella, quien había tomado el lugar de Julia, como sostén moral de la casa. Este mismo año, Virginia sufrió su segundo ataque, que requirió que guardara cama; “la vida es un asunto duro, se necesita una piel de elefante ¡que precisamente una no tiene!”, comentaría en una carta. A raíz de estos acontecimientos, Virginia y su padre limaron asperezas, encontrando en su amor por la literatura un lazo de unión. Sin embargo, a la joven Virginia no le ayudaban todos sus conocimientos a la hora de relacionarse socialmente; en una carta a su amiga Violet Dickinson –con quien Virginia mantenía una “amistad romántica”-, fechada el 27 de diciembre de 1902, se queja: “Adrian y yo bailamos un vals (¡a ritmo de polka!), y Adrian dice que no comprende cómo alguien puede ser lo bastante idiota como para divertirse bailando. Yo veo cómo lo hacen, pero siento que todas las bonitas damiselas pertenecen a otra esfera, que es muy patética, y yo daría todo mi profundo conocimiento del griego por bailar realmente bien, y Adrian haría lo mismo”. Desgraciadamente, el 21 de febrero de 1904, murió Leslie Stephen; Virginia, e una carta a Violet Dickinson, narra su muerte: “Durante toda la tarde papa ha ido perdiendo la conciencia. Ahora no nos conoce. Wilson dice que el veneno debe haber llegado a los riñones y no cree posible que mejore. Dice que puede morir esta noche… Todos hemos estado a su lado. Todo es apreciable. Él no lo advierte. Esta mañana parecía algo mejor y vio a Kitty y habló con ella. Sucedió súbitamente a las dos”. En su Diario, Virginia se lamentaba “nunca hice algo por él; estaba a menudo tan solitario, y nunca le ayudé como pude haberlo hecho”. Luego vino su primer intento de suicidio, arrojándose por la ventana (la escasa altura impidió que sufriera una herida grave); sus alucinaciones: escuchaba el canto en griego de las aves, y veía al rey Eduardo VII, que la espiaba y le decía obscenidades. A recomendación del doctor George Savage, fue internada, de junio a septiembre, en una casa de reposo cerca de Twickenham, hasta que las voces que le decían que “hiciera todo tipo de locuras” se fueron. Virginia no cabía de la felicidad, estaba eufórica, como lo muestra en una carta dirigida a Violet Dickinson: “Mi Violet: ¡Me han declarado curada! ¿No es increíble? Savage estaba muy satisfecho y dijo que deseaba que volviera a mi vida normal en todo, que saliera y viera gente y trabajara y olvidara mi enfermedad. ¡Me pidió que saliera a cenar con él! Cree que ahora estoy normal y que no es necesario tomar precauciones especiales, lo que es una bendición”.

Virginia, aunque seguía siendo hipersensible ante cualquier dificultad, se volvió un poco más sociable y formó un círculo de amigos compuesto por su hermana Vanessa, sus hermanos Adrian y Thoby, y los amigos de éste último: el biógrafo Lytton Strachey, el pintor Saxon Sydney-Turner, el novelista Desmond McCarthy, los escritores Clive Bell –quien llegaría a ser el marido de Vanesa- y Leonard Woolf –después sería el esposo de Virginia-, constituyéndose así el Grupo Bloomsbury, en honor del barrio londinense donde vivían. Virginia consideraba más provechosa una buena conversación que una clase en la Universidadde Oxford, por lo que organizó las reuniones del grupo todos los viernes -Virginia lo llama el Friday Club-;  ahí debatían sobre el derecho de la mujer al sufragio, leían obras “poco recomendables” y escandalizaban a las “buenas conciencias victorianas”; Vanessa y Virginia se presentaron a una fiesta disfrazadas de “chicas Gauguin”, y luego Virginia y el poeta Rupert Brooke se bañaron desnudos (según cuenta Vita Sackville-West en una carta dirigida a su marido, Nigel Nicolson). La muerte de Thoby Stephen, ocurrida en 1906, obligó al grupo a mudarse de casa; eligieron la mansión que había habitado el dramaturgo irlandés George Bernard Shaw, en el 29 de Fitzroy Square, en el bohemio barrio de Bloomsbury, donde las reuniones del grupo se celebraron los jueves por la noche. Virginia colaboró en el Suplemento Literario del periódico The Times con textos híbridos entre ensayo y relato; también en el “Engaño del Dreadnought”, una visita del grupo Bloomsbury, organizada por el poeta Horace de Vere Cole, al HMS Dreadnought, el buque insignia más famoso de la armada inglesa, haciéndose pasar por la comitiva del emperador de Abisinia: Horace de Vere Cole era un supuesto representante de la Foreign Office; Adrian Stephen, el hermano de Virginia, actuó en el papel de Her Kauffman, el intérprete de la “Comitiva Real”; mientras que Guy Ridley, Anthony Buxton (el naturalista se hizo llamar “Ras el Medax”), Duncan Grant y Virginia Woolf (en aquella época Stephen) se disfrazaron de abisinios (turbante, maquillaje oscuro y barba); la Marina inglesa recibió a los príncipes con alfombra roja, banda de música y un automóvil que los llevó al puerto; posteriormente, ya en el barco, el Almirante Sir William May, Comandante de la Home Fleet, les rindió honores, y ordenó que ondearan la bandera de Zanzíbar y tocaran el himno del mismo país, pues no encontraron ni la bandera ni el himno de Abisinia; durante la inspección al buque, los “abisinios” se comunicaron con una mezcla de swahili y citas de Homero y Virgilio, en griego y latín; y cuando encontraban algo que llamara su atención exclamaban “¡Bunga!¡Bunga!”; luego otorgaron algunas condecoraciones falsas, y abandonaron el barco mientras sonaba el himno “God Save the Queen”; ya concluido el engaño, Horace de Vere Cole envió una foto acompañada de una crónica de todo lo sucedido al periódico Daily Mirror, que se encargó de hacer público y magnificar el incidente. El Grupo Bloomsbury creció con la incorporación del economista John Maynard Keynes, el filósofo Bertrand Russel y el pintor y crítico de arte Roger Fry. En el año 1910, pese a su aparente mejoría, Virginia sufrió una fuerte crisis, por lo que el Dr. Savage ordenó que permaneciera en cama, durante el verano, y reingresó a la clínica de la enfermera Thompson por seis semanas. Pasando dos años de relativa tranquilidad, hasta en 1912 se recrudecen los trastornos;  Sir George Savage la interna, por quince días, en el establecimiento de la señorita Thompson; y, ambulatoriamente, en Asham, donde se queja de haber sido “golpeada en la cabeza por corrientes oníricas” y cuenta chiste mal gusto acerca del hundimiento del buque transatlántico “Titanic”, ocurrido el 15 de abril de 1912. Pese a su trastorno bipolar, el 10 de agosto del 1912, Virginia decidió casarse, a los treinta años, con Leonard Woolf –antes había rechazado las propuestas de Lytton Strachey y Walter Lamb-, a quien se refería como “un judío sin un céntimo”; años después confesaría en una carta: “Cómo odiaba casarme con un judío -cómo odiaba sus voces nasales y su joyería oriental y sus narices y barbas-, que esnob era, puesto que poseen una enorme vitalidad”. En el año 1913, el nuevo matrimonio se mudó a Clifford’s Inn. El apoyo emocional e intelectual de la pareja resulta muy fructífero. Leonard termina su novela The villaje in the jungle, sobre su estadía en Ceilán; luego seguiría con su segunda novela The wise virgins, una obra cruel con tintes autobiográficos, que le causaría serios problemas con su familia (su madre, sus hermanos y, por supuesto las hermanas Bell, Virginia y Vanessa). Mientras que Virginia termina la novela Fin de viaje; pero su miedo al fracaso, su inseguridad, le provocan ataque de ansiedad y pánico. Queda bajo el cuidado de los doctores Savage, Craig y Hyslop, y de la enfermera Jean Thomas; en julio empeora, es ingresada otra vez al sanatorio en Twickenham; allí permanece pocos días, porque extraña a su marido. Los Woolf el verano de 1913 en Cornualles, cerca de Sant Yves, el lugar de infancia de Virginia, con la idea de que eso la tranquilizaría, pero su estado empeora; pensaba que la gente se burlaba de ella; y las desgracias ajenas le provocaban sentimientos de culpa. El 9 de septiembre, tras rechazar otra hospitalización, ingiere 100 granos de Veronal, dosis potencialmente fatal, siendo salvada por la presencia accidental del doctor Geoffrey Keynes, y la intervención de Leonard. Virginia permanece inconsciente dos días; posteriormente, una vez que despierta, se niega a comer y no duerme; Leonard soporta pacientemente sus estados de excitación y sus profundas depresiones. Con el paso del tiempo, Virginia muy lentamente mejora; retoma su rutina de leer y escribir, aunque, entre marzo y agosto de 1914, queda bajo estricta vigilancia de dos enfermeras, por su inestable estado emocional y el peligro de un suicidio. A principios de 1915, el matrimonio Woolf se mudó a su nueva casa, Hogarth House, donde fundaron la editorial Hogarth Press, que revolucionaría el mundo de las letras inglesas; la primera publicación fue el libro de relatos Two stories, compuesto por La mancha en la pared, de Virginia; y Tres judíos, de Leonard Woolf. Posteriormente, The Hogarth Press publicaría tanto los libros de Virginia Woolf como las obras de otros grandes escritores: el novelista E. M. Foster, el poeta T. S. Eliot y la cuentista Katherine Mansfield, quienes mantendrían una amistad con los Woolf, no exenta de dificultades (En su Diario, del 11 de octubre de 1917, Virginia describió a Katherine Mansfield, de esta manera: “Apesta como una, lo diré, civeta que se hubiera puesto a hacer la calle. Sí, me ha chocado un poco su ordinarez a primera vista, sus rasgos tan duros y vulgares. Sin embargo, cuando esta impresión se atenúa, es tan inteligente y enigmática que merece la amistad”). Durante la primavera y el verano de 1915, Virginia tuvo una nueva recaída, fue internada contra su voluntad, y desarrolló un odio injustificado contra su marido, quien comentó, en su autobiografía, que vivió “un mundo pesadillesco de histeria, desesperación y violencia”.

Virginia publicó –extrañamente en la editorial de Gerald, su hermanastro acosador- Fin de viaje (1915); en esta novela, que se desarrolla en un hotel de un país sudamericano, la autora profundiza en la psicología de la protagonista Rachel Vinrace. El libro obtuvo muy buenas críticas. Sin embargo, debido al temor de una nueva recaída, los médicos recomendaron que Virginia sólo un máximo de dos horas al día, por lo que la escritura de su segunda novela avanzó muy lentamente. En enero del año de 1919, Virginia pasó una semana en cama, pero se recuperó y continuó su trabajo literario (En su Diario, del 20 de enero de 1919, escribió: “La semana pasada en cama ha sido consecuencia de la extracción de una muela, y de un cansancio tal que me produjo dolor de cabeza, una larga y horrible afección que retrocedía y avanzaba de forma muy parecida a las nieblas en un día de enero. Durante las próximas semanas, mi ración de escrituras será de una hora diaria”).  Hogarth Press editó el relato Kew Gardens, de Virginia Woolf, con ilustraciones de su hermana Vanessa, del que se vendieron sólo 49 ejemplares; el cuento está situado en un jardín botánico de Londres, en el que cuatro grupos de persona revolotean, cual mariposas, conversan y tienen diversos pensamientos que surgen de la contemplación de un jardín de flores, en forma de óvalo. Virginia Woolf  publicó, nuevamente en la editorial de su hermanastro Gerald (en una entrevista acerca del libro, realizada en el despacho de su hermanastro, Virginia no pudo evitar presumirle el mucho dinero que ganaban su hermana Vanessa, su cuñado Clive Bell y su esposo Leonard Woolf; también anotó maliciosamente en su Diario que todas las hebras del pelo de Gerald eran “blancas, mediando un espacio entre hebra y hebra; un campo ralo”), su segunda novela Noche y día (1919), el texto que describe en tono realista la soledad e incomunicación de dos amigas, Katherine y Mary, recibió malas críticas de los escritores E. M. Foster y Katherine Mansfield, ya que lo consideraron menos arriesgado que Fin de viaje (Foster consideraba a Noche y día una obra “estrictamente formal y clásica”, por lo que exigía que los personajes generaran simpatía, algo que no ocurre en el libro de Virginia). Virginia discutió con sus críticos, pero su editorial Hogarth Press siguió publicando las obras de Foster y Mansfield. Virginia disfrutó escribiendo el libro y consideraba (en la entrada del 27 de marzo de 1919 de su Diario) que Noche y día “es un libro mucho más maduro, acabado y satisfactorio que Fin de viaje, hay razones para que así sea. Supongo que me presto a que se me acuse de tratar de emociones que realmente carecen de importancia. Desde luego, no creo que llegue siquiera a dos ediciones. Sin embargo, no puedo evitar la creencia de que, teniendo en cuenta lo que es la narrativa inglesa, supero en originalidad y sinceridad a la mayoría de los modernos”. Su libro de cuentos Lunes o martes (1921) fue publicado por Hogarth Press, con muchos errores tipográficos (Leonard lo consideraba uno de los peores libros editados), contenía ocho relatos: “La casa encantada”, “Una sociedad”, “Lunes o martes” (cuento que da título al libro), “Una novela no escrita” (publicado antes en el London Mercury, en 1920), “El cuarteto de cuerdas”, “Azul y verde”, “Kew Garden” (publicado por separado en 1919) y “La mancha en la pared” (publicado antes en Two Stories, en 1917). Virginia hubiera deseado incorporar otros relatos, y dejar fuera “La casa encantada”, por ser muy sentimental; de cualquier manera, el libro recibió buenas críticas y Lytton Strachey calificó al cuento “El cuarteto de cuerdas” como “maravilloso” (en 1944, su esposo Leonard Woolf publicó la colección de cuentos escritos por Virginia La casa encantada y otros cuentos, que compilaba los  relatos Lunes o martes, excepto “Azul y verde” y “Una sociedad”, ya que le constaba que “que Virginia Woolf había decidido no incluir el primer relato, y, prácticamente, tengo la seguridad de que tampoco hubiera incluido el segundo”; Leonard también incluyó las narraciones cortas aparecidas en revistas e inéditas).  Un año después,  El cuarto de Jacob (1922), novela inspirada en la vida y muerte de su hermano Thoby, publicada por Hogarth Press, fue un éxito de críticas y ventas. En este mismo año, Virginia leyó el Ulises de James Joyce (en una primera lectura, de doscientas páginas, Virginia consideró en su Diario, del 16 de agosto de 1922: “Me parece el libro propio de un analfabeto, un libro carente de desarrollo; la obra de un obrero autodidacta, y todos sabemos cuán lamentables son esas obras, cuán egotistas, cuán insistentes, cuán primarias, crudas y, en última instancia, nauseabundas”), pese a que consideraba que la novela era “fallida”, puesto que se servía “de trucos, de sorpresas, de hacer payasadas”, no dejó de tomar nota de su técnica, en especial del monólogo interior, que Virginia usaría en su siguiente novela.

En 1923, fallece Katherine Mansfield, en París; Virginia entró en una profunda depresión de la que salió con la ayuda de la escritura de su nueva novela, titulada en un principio Las Horas (el mismo título de la novela de Michael Cuningham, que inspiró la película de Stephen Daldry, protagonizada por Nicole Kidman en el papel de Virginia Woolf) y después La señora Dalloway. La influencia tanto de Joyce como de Mansfield es evidente; sin embargo, su mayor influencia fue “Sebastian Van Storck” (1886), uno de los Relatos imaginarios, de Walter Pater, el padre literario de Virginia. La novela trata de la vida y de la muerte que corren paralelas en los caminos de Clarissa Dalloway, quien se ocupa de los preparativos de una fiesta, y Septimius Warren Smith, un veterano de la guerra con impulsos suicidas. El grupo Bloomsbury es retratado en la fiesta de la señora Dalloway: los invitados son agudos e ingeniosos, pero incapaces de revelar sus verdaderos sentimientos, mientras que en el cuarto de Septimius Warren las situaciones se viven profundamente: el depresivo Septimius cree ver a un camarada muerto en la guerra, el oficial Evans, y escucha voces extrañas, como el trino que oyera en su juventud Virginia Wolf. Las teorías de Henri Bergson sobre el tiempo que fluye están presentes en la novela, pues la prosa de la novela fluye como agua cristalina, fluyen también los pensamientos más íntimos de los personajes. Sigmund Freud afirmaba que cada obra es el reflejo del inconsciente de su autor; Virginia se proyecta en cada uno de los personajes de La señora Dalloway, pero deja que su imaginación complete el cuadro.

Virginia Woolf  continuó su labor literaria con una novela fundamental: Al faro (1927). La obra es un exorcismo literario de la infancia de Virginia en Sant Yves, el recuerdo de su padre Leslie y su madre Julia, los paseos a la playa de Porthminster y al faro de Godrevy (según escribió Virginia en su Diario, del 14 de mayo de 1925: “Tardaré poco en terminarlo; en describir íntegramente en él la personalidad de papá; y la de mamá; y St. Yves; y la infancia; y todas las cosas habituales que pienso poner en el libro, como la vida, la muerte, etc. Pero el centro es la personalidad de papá, sentado en una barca, recitando: Perecemos, cada cual solo, mientras aplasta la cabeza a un pez agónico”); la novela, a manera de un tríptico, está dividida en tres partes: la primera, titulada “La ventana”, retrata el verano de la familia Ramsay, la decepción del pequeño James ante la negativa de su padre de ir de excursión al faro, y los reproches de la señora Ramsay a su insensible marido: “Tan desmesuradas eran las emociones que Mr. Ramsay despertaba entre sus hijos con su sola presencia; ahí estaba: flaco como hoja de cuchillo, cortante, con su sonrisa sarcástica; contento no sólo por el placer de aguar la fiesta a su hijo, y dejar en ridículo a su esposa, diez mil veces mejor que él en todos los sentidos (creía James), sino por lograr exhibir además cierta vanidad por la precisión de sus juicios”; la segunda parte, titulada Pasa el tiempo, describe, desde un punto de vista inanimado, las huellas del paso del tiempo en la casa vacía de la familia Ramsay, dibuja la herrumbre y el moho, los zapatos que la señora Ramsay no volverá a usar pues ha muerto; la tercera parte, Al faro, finaliza el tríptico de la novela con la emotiva narración de la llegada, diez años después, del señor Ramsay y dos de sus hijos, entre ellos James, al faro; la novela es un ataque a la institución patriarcal, que aniquila el individualismo y transforma a la mujer en un objeto decorativo; la estética de Al faro está sumamente influenciada por la pintura impresionista de Paul Cezánne, lo cual se evidencia en la metáfora del retrato de la señora Ramsay, que Lily Briscoe, una de las invitadas de la casa, comienza a pintar al inicio de la novela y termina al final de la historia. Fruto de su relación con la aristócrata Vita Sackville-West,

Virginia Woolf escribió una biografía burlesca y fantasiosa de su amante, titulada Orlando (1928); la autora escribiría en una carta: “Supón que Orlando resulta ser Vita y es todo sobre ti y la lascivia de tu carne y el cebo de tu mente”. Orlando es una metáfora de la bisexualidad, también es un examen de la historia y la literatura; el libro narra los cuatrocientos años de vida del príncipe Orlando, un apuesto duque inglés que vive, a finales del siglo XVI, en un castillo colmado de favores por la reina Isabel; durante el año de la Gran Helada, el rey Jaime manda construir un parque de diversiones en el congelado río Támesis, ahí Orlando se enamora de la princesa moscovita Sasha, quien lo abandona luego de confesarle su amor; decepcionado, se refugia en su castillo y escribe un poema, El Roble, que llega a ser  su obsesión; pero el célebre escritor Nicholas Greene lo desanima y parte a Constantinopla, donde ejerce como embajador del rey Carlos; después cae en un profundo sueño y al despertar, se ve convertido en una hermosa mujer; pasan los años, regresa a Londres, es pretendida por un archiduque travesti, se casa con un marinero que dedica toda su vida a doblar el Cabo de Hornos; Orlando termina su poema El Roble y Greene, con quien se vuelve a encontrar, le impulsa a publicarlo; en 1928, Orlando es una mujer moderna, laureada con un premio literario, tiene un hijo, conduce un automóvil y ve a su marido doblar nuevamente el Cabo de Hornos; el objetivo de la novelista era llamar la atención sobre la ambigüedad de los papeles sexuales, así cuando el hombre se pone en la piel de la mujer, o viceversa, puede entender la realidad del otro sexo.

Virginia se involucró en diversos debates; atestiguó, a favor de la libertad de expresión, en el juicio contra Marguerite Radcliffe Hall, acusada de pornógrafa por su novela El pozo de la soledad, que trata el tema del lesbianismo; luego, Virginia impartió dos conferencias en las Universidades de Oxford y Cambridge, que dieron lugar a un ensayo-narración titulado Un cuarto propio (1929), donde traza la historia de las mujeres a través de sus novelas y poesías -sin prejuicios, no hace distinciones entre grandes y pequeñas escritoras-, llegando a la conclusión de que la mujer necesita independizarse del hombre en lo económico, con dinero, y en lo intelectual, aislándose en un cuarto propio, donde pueda crear sin ataduras e interrupciones. Virginia ampliaría este debate en el libro de ensayos Tres guineas (1938);  escribió el libro como respuesta a tres cartas, en las que le pedían que apoyara a una causa con una moneda (una guinea), Virginia eligió el pacifismo, el feminismo y la educación, alegando que la mujer obrera podía negarse a fabricar bombas, pero las mujeres que no tenían independencia económica deberían conseguirla por medio de una educación más abierta, en la cual haya más discusión que asimilación de conocimientos y donde se pongan en duda los conceptos de competitividad y éxito.

En cuanto a su labor novelística, Virginia Woolf escribió Las olas (1931), un libro complicado que entrelaza seis monólogos, cada uno de ellos está precedido por un preámbulo que describe el movimiento del Sol, desde el amanecer hasta el crepúsculo, en un paisaje marino; Virginia utilizó la técnica de la “corriente de conciencia” (término acuñado por el escritor Henry James, también llamado por Valéry Larbaud “monólogo interior”, que usará James Joyce en su último capítulo del Ulises, tomando la técnica de la novela Les lauriers sont coupés, de Edouard Dujardin), consistente en  narrar el proceso mental de los personajes sin dar explicaciones ni referencias, así Bernard, Louis, Neville, Susan, Jinni y Rhonda exponen sus sensaciones, remembranzas, pensamientos, como polillas alrededor de un foco, mientras “el tiempo deja caer su gota”; Bernard resume metafóricamente, en el monólogo final, la manera en que es revolcado por la ola, obligándolo “a hacer acopio de fuerzas, levantarme y hacer frente al ene­migo”, quien es la muerte, contra la que cabalga, “lanza en ristre y melena al viento, como un hombre joven, como Percival cuando galopaba enla India. Pico espuelas. ¡Contra ti me lanzaré, entero e invicto, oh Muerte!”, mientras, afuera, “las olas rompían en la playa”.

La nueva generación de escritores, encabezada por su sobrino Julian Bell, criticó el escaso compromiso político de la literatura de Virginia Woolf; por lo que ésta dedicó a su sobrino el ensayo Carta a un joven poeta (1932), fruto de sus discusiones con Julian. Virginia, tras publicar su segundo volumen del libro de ensayos literarios El lector común (1932), aclararía en su conferencia “La torre inclinada” que los artistas no influyen en la sociedad, por eso es inútil pronunciarse (aunque la autora siempre se comprometió a favor de diferentes causas sociales y políticas). Su siguiente libro fue Flush (1933), un relato paródico sobre las andanzas del cocker spaniel de la escritora Elizabeth Barret Browning, que describe el mundo a través de los ojos del perro, a la manera de la literatura popular. Varias muertes golpearían el ánimo de Virginia Woolf; la primera fue el fallecimiento de su amigo Lytton Strachey (1932), posteriormente ocurriría el suicidio de la esposa de éste, Dora Carrington, luego moriría el crítico de arte Roger Fry (1934), de quien Virginia escribió una biografía, después falleció su sobrino Julian Bell, en la Guerra Civil Española, cuando trabajaba como conductor de una ambulancia, por lo que su tía Virginia publicaría un libro recopilatorio de los poemas y escritos del joven escritor. Virginia Woolf escribió su novela Los años (1937), mientras la enfermedad nerviosa la martirizaba, en su libro narra el ocaso de la familia Pargiter, desde 1880 hasta los años 30 de siglo XX, mezclando sucesos históricos como la independencia de Irlanda y la obtención del derecho al voto de la mujer con acontecimientos cotidianos, en los que vemos la manera en que se socava la institución patriarcal, el matrimonio y la división social que excluye a las minorías como los judíos y los homosexuales. Virginia pretendía, según cuenta en su Diario, “captar la totalidad de la sociedad actual –nada menos; hechos-, y también la visión, y combinar ambas cosas; es decir, Las olas simultáneamente con Noche y día”. El esfuerzo dejó agotada a Virginia Woolf, quien todavía reunió fuerzas para escribir Entre actos (publicada póstumamente en 1941), un libro que le parece “la peor novela que he escrito”; al margen de lo que opinara la autora, esta novela polifónica posee un ritmo extraordinario, la narración avanza al compás de un vals de monólogos, con una obra de teatro que funciona como un espejo donde se reflejan los personajes.

La depresión se apoderó de Virginia; el 28 de marzo de 1941, salió de su casa dispuesta a suicidarse, luego de escribir una carta a su marido Leonard: “Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca; creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas, no voy a curarme en esta ocasión; he empezado a oír voces y no me puedo concentrar, por lo tanto, estoy haciendo lo que me parece mejor; tú me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no podrían haber sido más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrías trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto apropiadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que toda la felicidad de mi vida te la debo a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo —todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices que lo que hemos sido nosotros” Virginia se suicidó metiéndose piedras pesadas en los bolsillos de su abrigo y zabulléndose en el Río Ouse. Tiempo atrás había confesado que el suicidio era la única experiencia propia que no podría escribir sobre ella. Virginia Woolf trasciende a la muerte porque decidió no ser popular, escribir lo que quería sin importar qué pensaran los demás; supo imprimir en su escritos la fuerza de su personalidad; como apasionada lectora, su ideología es de naturaleza estética, así lo señaló en su Diario, del 18 de febrero de 1922: “El único interés que en cuanto escritora suscito radica, según comienzo a comprender, en una extraña personalidad; no en la fuerza, en la pasión o en algo imponente, y entonces, me digo a mí misma, ¿acaso ‘una extraña personalidad’ no es la cualidad que más respeto?” Ya lo señala Harold Bloom, en su libro Genios, “El genio literario, como nos lo enseñó el doctor Johnson, se manifiesta en la originalidad, en una inventiva que también reinventa al autor y, hasta cierto punto, a sus lectores”. No se puede permanecer impasible ante la lectura de una obra de Virginia Woolf, el texto nos transforma, ya no somos los mismos. Virginia Woolf fue, como diría Bernard en el monólogo de Las olas: “una flor de muchas facetas. Detengámonos por un instante; contemplemos lo que hemos hecho. Dejemos que arda ante los tejados. Una vida. Ahí va. Pasó. Se fue”.

(Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela)

La única grabación que se conserva de la voz de Virginia Woolf es parte de una emisión de radio de la BBC, del 29 de abril de 1937, de la serie “Words Fail Me” (“Me fallan las palabras”); la disertación se titula “Craftsmanship”, y posteriormente fue publicada como un ensayo en el libro The Death of the Moth and Other Essays (Editorial Capitán Swing lo editó en español, traducido por Luisa Moreno Llort,  como La muerte de la polilla y otros escritos, y el ensayo “Craftsmanship”, incluido en el libro, lo titularon “Destreza”).

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