Armando Santos

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FEDERICO GARCÍA LORCA, DUENDE DE LA METÁFORA

Federico García Lorca. Granada, 1919. Fotografía de Rogelio Robles Romero-Saavedra.Col. Fundación Federico García Lorca, Madrid.

Manuel Torres, gran artista del pueblo andaluz, decía a uno que cantaba: “Tú tienes voz, tú sabes los estilos, pero no triunfarás nunca, porque tú no tienes ‘duende’”. En cambio, una vieja de ochenta años se llevó el premio, de un concurso de baile de Jerez de la Frontera, contra hermosas mujeres y muchachas “bailaoras”, por el solo hecho de levantar los brazos, erguir la cabeza y dar un golpe con el pie sobre el tabladillo. En toda Andalucía, la gente habla constantemente del “duende”, saben que no es posible ninguna emoción sin su llegada. Del “duende”, sólo sabemos que quema la sangre, que rompe los estilos, que todos sienten su efecto: un no sé qué de una autentica emoción. Federico García Lorca, poeta, dramaturgo, prosista y pintor español, era la personificación del “duende”; pero, como buen andaluz (nació en Fuente Vaqueros, Granada, España, el 5 de junio de 1898), sabía que “si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios ‑o del demonio‑, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en abso­luto de lo que es un poema”. En su conferencia “Teoría y juego del duende” explica los riesgos de estar “enduendado”: “El ‘duende’ no llega si no ve posibilidad de muerte, si no sabe que ha de rondar su casa… La virtud mágica del poema consiste en estar siempre ‘enduendado’, para bautizar con agua oscura a todos los que lo miran, porque con ‘duende’ es más fácil amar, comprender, y es seguro ser amado, ser comprendido, y esta lucha por la expresión y por la comunicación de la expresión adquiere a veces, en poesía, caracteres mortales… España es el único país donde la muerte es el espectáculo nacional, donde la muerte toca largos clarines a la llegada de las primaveras, y su arte está siempre regido por un ‘duende’ agudo que le ha dado su diferencia y su calidad de invención”.

En el año 1931, se instauró la II RepúblicaEspañola y Federico García Lorca fue nombrado codirector de la compañía estatal de teatro universitario “La Barraca”, donde disfrutó de todos los recursos para dirigir, escribir y adaptar obras teatrales; escribió, durante este periodo, Bodas de Sangre (1933), tragedia con partes en verso, basada en un caso real, centrada en el personaje de la novia que huye el día de la boda y ve morir al novio y a Leonardo, el hombre con quien había huido; Yerma (1934), poema trágico de ambiente rural, sobre la esterilidad y los celos, narrado por medio de metáforas e imágenes de gran eficacia poética; y Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935), como lo definiera el autor, “poema granadino del novecientos, dividido en varios jardines, con escenas de canto y baile”, acerca de la presión social por el matrimonio, vista a través del drama de una solterona. En el año 1933, viajó a Argentina, para dictar conferencias y  dirigir teatro, alcanzando un resonante éxito; su puesta de La dama boba, de Lope de Vega, atrajo a más de sesenta mil personas. Desde este año, Federico García Lorca obtuvo luminosos laureles; pero en el escenario de la política internacional no había más que sombras siniestras: el fascista Musolini gobernaba en Italia, y el nuevo canciller alemán era el nazi Adolfo Hitler, tras la caída de la República de Weimar. En el año 1934, murió en su traje de luces, víctima de una cornada, Ignacio Sánchez Mejías, famoso torero, amigo del poeta; Lorca compuso el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935), al tiempo que concluyó el poemario Diván de Tamarit (1935), inspirado en la poesía árabe. En el año1936, escribió  La casa de Bernarda Alba (estrenada en Buenos Aires hasta 1945), tal vez su mejor obra de teatro, en este drama en tres actos y sin escenas, que carece de personajes masculinos, cada situación está perfectamente enlazada con la anterior y la siguiente, logrando así una genial cadena de sucesos, cada mujer habla según su personalidad y los diálogos son breves y sutiles; Lorca maneja una serie de símbolos con “intención de documental fotográfico”: blanco y negro, conceptos positivos y negativos; verde, lo erótico; agua, sed, deseo sexual; bastón, símbolo fálico del poder; la protagonista Bernarda Alba ejerce un control tiránico sobre sus cinco hijas, quienes viven como prisioneras en la casa de ella, y casi no han tenido contacto con los hombres; luego de la muerte de su segundo marido, Bernarda Alba impone a sus hijas un luto riguroso; cuando Angustias, la hija mayor, recibe una cuantiosa herencia, atrae a un pretendiente: Pepe el Romano (quien nunca aparece en escena); los celos entre las hermanas llevan a un final trágico: Adela, la más joven, no quiere someterse a la voluntad de su madre y mantiene relaciones sexuales con Pepe; descubierta por su celosa hermana Martirio, que grita para que venga Bernarda, se cuelga pensando que su amado ha sido asesinado por la madre, no sin antes romper el bastón de Bernarda, símbolo de su poder; Federico García Lorca pensaba que el teatro debía servir para criticar la moralidad caduca e hipócrita; en 1936, cuando leía a sus conocidos La Casa de Bernarda Alba, declaró: “El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana, y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera; el teatro necesita que los personajes que aparezcan en escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre”.

El 17 de julio de 1936, cuando Lorca trabajaba en La destrucción de Sodoma, estalló un golpe de Estado encabezado, desde el Marruecos español, por el general Francisco Franco. Federico García Lorca declaró en una entrevista al Sol de Madrid: “Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos; el chino bueno está más cerca de mí que el español malo; canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos; desde luego no creo en la frontera política”. El poeta granadino jamás se afilió a una facción política; sin embargo, un artista moderno era, según la ideología totalitaria, un enemigo de los nacionalistas, de los bárbaros que interrumpieron el discurso del rector dela Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, con gritos de “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”. Federico García Lorca rehusó el exilio ofrecido por Colombia y México; optó por refugiarse en su casa en Granada. Lorca fue arrestado en la casa de su amigo, el poeta Luis Rosales, quien obtuvo la promesa de “las autoridades” nacionales de que sería puesto en libertad, “si no existía denuncia en su contra”. En la madrugada del 18 de agosto de 1936, el dramaturgo fue asesinado en el camino que va de Víznar a Alfacar, y su cadáver fue arrojado en algún barranco dela Sierra Nevada, o en alguna fosa común del paraje de Fuente Grande, Alfacar (en diciembre del 2009, el equipo de investigación dela Universidad de Granada, compuesto por cinco arqueólogos, no encontró restos ni evidencia científica de que hubiera enterramientos en dicho lugar, hoy llamado Parque Federico García Lorca de Alfacar, Granada); la orden de ejecución fue dada por el gobernador civil de Granada, José Valdés Guzmán, con el visto bueno del general Queipo de Llano, a quien se consultó sobre qué hacer con el poeta. Federico García Lorca se convirtió en una víctima más dela Guerra Civil Española; las hostilidades continuarían hasta 1939, con el triunfo de Franco, produciendo cientos de miles de muertos, el exilio de otros centenares de miles, de casi toda la “inteligencia” del país. Pese al drama dela Guerra Civil Española, nos quedan los frutos de una generación de artistas que no fueron pisoteados por la bota militar; la, tal vez mal llamada, Generación del 27, una camada de autores que surgió alrededor del año 1927, en que se celebró el tricentenario de la muerte del poeta barroco Luis de Góngora con una serie de conferencias en el Ateneo de Sevilla; estos artistas aprovecharon la fecha para reivindicar el culteranismo (culteranismo o gongorismo: estilización aristocrática de lo popular al fusionar la técnica tradicional con los artificios de la poesía barroca; latinismos, profusión de metáforas, de transposiciones y de alusiones mitológicas), desprestigiada por la crítica del siglo XIX. Federico García Lorca entró en contacto con la poesía de Góngora a través las conferencias programadas porla Residencia de Estudiantes en Madrid (donde también estudiaban Luis Buñuel y Salvador Dalí); en 1927, Lorca realizó su primera exposición pictórica en Barcelona, por lo que a su regresó a Madrid analizó el uso de las imágenes en la poesía de Don Luis de Góngora; en su conferencia “Imagen Poética de Luis de Góngora” pregunta: “¿Qué causas pudo tener Góngora para hacer su revolución lírica? ¿Causas? Una nativa necesidad de belleza nueva le lleva a un nuevo modelado del idioma; era de Córdoba y sabía el latín como pocos; no hay que buscarlo en la historia, sino en su alma; inventa por primera vez en el castellano un nuevo método para cazar y plasmar las metáforas, y piensa, sin decirlo, que la eternidad de un poema depende de la calidad y trabazón de sus imágenes; después ha escrito Marcel Proust: ‘Sólo la metáfora puede dar una suerte de eternidad al estilo’”.

En 1928, Federico García Lorca ya no era un escritor novicio, pues había publicado su primer libro de prosa, Impresiones y paisajes (1918), costeado por su padre; representado su primera obra teatral, El maleficio de la mariposa (1920); organizado, con otro andaluz, su amigo el compositor Manuel de Falla, la “Fiesta del Cante Jondo”, en el año1922; editado su primer libro de poesía, Libro de poemas (1923); y puesto en escena sus primeras comedias de títeres: La niña que riega la albahaca y El príncipe preguntón (1923); además de editar su libro de poesía Canciones (1927), fundar la revista literaria Gallo (1928, se publicaron solo dos números), representar la obra Mariana Pineda (1928), drama poético basado en la historia de una mártir liberal que fue ahorcada por sus conspiraciones contra el rey Fernando VII, con decorados del pintor Salvador Dalí (a quien le había compuesto una Oda, en el año1926) y la actuación de la famosa actriz Margarita Xirgu, en el papel principal de Mariana, y escribir su farsa Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1929), una obra simbólica sobre un viejo y su joven esposa, que fue prohibida por la censura en el año 1929, quizás porque el protagonista se parecía demasiado al dictador Miguel Primo de Rivera, o tal vez por su subtítulo, Aleluya erótica; pero el libro que marcaría su despegue como poeta sería el Primer romancero gitano (1928), en el cual esgrimió la pluma del vate como el pincel del pintor, dibujando poesías con metáforas, al más puro estilo del gongorismo con un toque de vanguardia; en esta obra poética consigue crear un clima de gran tensión dramática; en ella están representadas las características más notables de su estilo: la exuberancia metafórica, la plasticidad de sus imágenes, la sensual metamorfosis de la realidad, la meticulosa modernidad de la dicción, su gusto por la tradición lírica y popular, la tensión dramática y la dibujada sensación de misterio y ensueño, el evocador simbolismo: luna-muerte-erotismo; los dieciocho romances cantan las penas del pueblo gitano, que vive al margen de la sociedad, perseguido por la Guardia Civil; el Romancero gitano se divide en dos series, dejando a un lado las tres de los arcángeles que simbolizan a Granada, Córdoba y Sevilla; la primera serie es más lírica, con la presencia dominante de las mujeres, la segunda es más épica y predominan los hombres; Soledad Montoya (“-Soledad, ¿por quién preguntas /sin compaña ya estas horas? /-Pregunte por quien pregunte, /dime: ¿a ti qué se te importa?”) y la Monja Gitana (“¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia! /Sobre la tela pajiza, /ella quisiera bordar /flores de su fantasía”) son las representaciones de lo que significa la mujer para los gitanos; pese a que Romancero gitano era su obra poética más popular, a Lorca le molestaba mucho el que el público lo viera como un “gitano”; entrevistado por Ernesto Giménez Caballero, a la solicitud, “Dame más datos para tu solución de herencias”, responde Lorca: “Yo no soy gitano”; el pueblo calé era sólo un tema, un lienzo sobre el cual pintaría sus metáforas.

En una carta a Jorge Guillén, de enero de 1927, Lorca ya preveía un posible encasillamiento como “poeta de gitanos”: “Me va molestando un poco mi mito de gitanería. Los gitanos son un tema. Y nada más. Yo podía ser lo mismo poeta de agujas de coser o de paisajes hidráulicos. Además, el gitanismo me da un tono de incultura, de falta de educación y de poeta salvaje que tú sabes bien no soy. No quiero que me encasillen. Siento que me va echando cadenas”. El buen recibimiento de sus poemarios Canciones (1927), por parte de la crítica literaria, y de Romancero gitano (julio de 1928), por parte de los lectores, vino acompañado de una serie de comentarios negativos de sus amigos Luis Buñuel y Salvador Dalí (el pintor le envió, en septiembre de 1928, una carta en la que afirmaba que Romancero gitano adolecía de costumbrismo y “se movía dentro de la ilustración y de los lugares comunes más estereotipados y más conformistas”). Federico García Lorca entró en una depresión, como lo muestra una carta que el poeta le escribió a Rafael Martínez Nadal, en agosto de 1928: “Estoy convaleciente de una gran batalla y necesito poner en orden mi corazón. Ahora sólo siento una grandísima inquietud. Es una inquietud de vivir, que parece que mañana me van a quitar la vida”.

Lorca viajó a Nueva York, Estados Unidos, a invitación de su maestro Fernando de los Ríos, para estudiar inglés, ya que necesitaba alejarse por un tiempo de su círculo de amistades de Madrid, y sanar de la herida provocada por una decepción amorosa  (el joven escultor, Emilio Alardeen, a quien está dedicado un poema del Romancero gitano: Romance del emplazado, prefirió a una muchacha). De junio de 1929 a marzo de 1930, estudió inglés y dio conferencias en la University of Columbia, en Nueva York, frecuentó teatros,  cines, museos, descubrió el barrio de Harlem y se apasionó por el jazz. De su estancia surgió el libro Poeta en Nueva York  (editado póstumamente, en México, en 1940), a mi juicio su obra poética más importante; en el plano formal se nota la influencia de dos bardos: Walt Whitman (1818-92) –fuente de la célebre Oda a Walt Whitman-, de quien recoge el uso del verso libre, contrario a las formas tradicionales; y Hart Crane (1899-1932), a quien conociera en Nueva York, que cultivó una poesía críptica, utilizando las palabras no por su sentido lógico, sino por su impacto psicológico en la conciencia; en cuanto al contenido, alude al recuerdo de la infancia, la tragedia del amor no correspondido, el sufrimiento injusto, el terror y la muerte violenta, los temas se agudizan una vez revelados en el contexto de la megalópolis y la crisis económica internacional; la poética se abre más hacia lo social; pues, en Poeta en Nueva York, el lugar de los gitanos del Romancero gitano lo ocupan los negros (Oda al Rey de Harlem: “Entonces, negros, entonces, entonces…”). En Nueva York, Lorca escribió un guión de cine surrealista Viaje a la luna, que serviría de inspiración para El perro andaluz (Luis Buñuel y Salvador Dalí, 1929) y La Edad de Oro (Luis Buñuel, 1930), y redactó partes de lo que él definió como “teatro imposible”: El público y Así que pasen cinco años, lo llamó “imposible” porque era innovador y vanguardista, influido por las técnicas surrealistas y, por lo tanto, “imposible de poner en escena”.

Invitado por la Institución HispanoCubana de Cultura marchó a La Habana, Cuba, donde pronunció varias conferencias y terminó su obra El Público. En el año 1930, de vuelta a España, estrenó en Madrid la versión breve de La zapatera prodigiosa (farsa para personas). Un año después, en 1931, se instauraría la II República Española, que sería destruida por el franquismo, arrastrando en su caída al poeta. Sin embargo, me gusta pensar en la imagen de García Lorca frente al pelotón de fusilamiento, no como el mártir suplicante ni como el héroe declamando un discurso a favor de los marginados, sino como la anciana bailaora, el poeta “enduendado”, que derrota moralmente a sus asesinos fascistas, con sólo levantar los brazos, erguir la cabeza y dar un golpe con el pie sobre el suelo.

(Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela)

 

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