Armando Santos

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PEDRO INFANTE NO HA MUERTO

Fotografía de Pedro Infante, en la película A. T. M. A toda máquina (1951).

Fotografía de Pedro Infante, en la película A. T. M. A toda máquina (1951).

Pedro Infante Cruz, el “Ídolo de Guamúchil” –aunque nació en Mazatlán, Sinaloa, el 18 de noviembre de 1917-, es el único artista que ha podido unificar las simpatías del pueblo mexicano: hombres, mujeres, niños y ancianos de todas las generaciones adoptaron al actor como un miembro más de su familia. Pedro Infante se destacó como un exitoso cantante popular; sin la gran voz de Jorge Negrete, pero con mucho estilo, interpretó valses, boleros, chachachás y rancheras, acompañado de grandes conjuntos musicales como El Mariachi Vargas de Tecalitlán y  El Trío Calaveras; ha vendido miles de discos, todos bajo el sello “Discos Peerless”. Sin embargo, el mito de Pedro Infante se generó a través del cine; sus primeras apariciones fueron de extra en las películas del cineasta José Benavides: En un burro tres baturros (1939), El organillero (1939), Puedes irte de mí (1939) y La feria de las flores (1942), donde hace gala de sus cualidades vocales; su primer papel lo conseguiría en la comedia ranchera Jesusita en Chihuahua (1942), luego interpretaría a un español (su voz fue doblada debido a su acento norteño) en La razón de la culpa (1942), mientras que en Arriba las mujeres (1943) ladra como un perro, baila la conga y es mojado en la cara con agua mineral. Nada parecía augurar que Pedro Infante se transformaría en un ícono del cine mexicano; si bien Pedro Infante actuó a las órdenes de diversos directores de cine: Juan José Segura: Cuando habla el corazón (1943); Aurelio Robles Castillo: El ametralladora (1943); Álvaro Gálvez: Mexicanos al grito de guerra (1943); Miguel Zacarías: Si me han de matar mañana (1946), Necesito dinero (1951), Ahí viene Martín Corona (1951), Vuelve Martín Corona (1951), Ansiedad (1952), Cuidado con el amor (1954), Escuela de música (1955); Roberto Rodríguez: Viva mi desgracia (1943), Dicen que soy mujeriego (1948), El seminarista (1949), La mujer que yo perdí (1949); René Cardona: Jesusita en Chihuahua (1942), Cartas marcadas (1947), También de dolor se canta (1950); Joaquín Pardavé: La barca de oro (1947), Soy charro de Rancho Grande (1947); Joselito Rodríguez: Angelitos negros (1948); Fernando Méndez: Los hijos de María Morales (1952); Emilio “El Indio” Fernández: Islas Marías (1950), Reportaje (1953); Juan Bustillo Oro: Por ellas aunque mal paguen (1952); Rafael Baledón: Gitana tenías que ser (1953); Vicente Oroná: Los gavilanes (1954); Julián Soler: La tercera palabra (1955); y Mauricio de la Serna: Pablo y Carolina (1955); fueron los cineastas Ismael Rodríguez y Rogelio A. González quienes transformaron a Pedro Infante en un ídolo cinematográfico.

 

                     Ismael Rodríguez dirigió a Pedro Infante en la película Escándalo de estrellas (1944), una alocada comedia musical, en la que Pedro interpreta al hijo de un productor de cine que desea ser actor, por lo que hace un filme: Extravagancia musical, que tiene un sinfín de problemas. Ismael Rodríguez descubrió el carisma de Pedro Infante, así como su talento histriónico natural (Pedro pulió su habilidad en la academia de Seki Sano, el maestro japonés que trajo a México la “Técnica Stanislavski”). En Cuando lloran los valientes (1945), se reunieron, por vez primera, el equipo conformado por el director Ismael Rodríguez, el guionista regiomontano Rogelio A. González, la actriz Blanca Estela Pavón y el actor Pedro Infante; la historia, ubicada en Monterrey, es una versión de la vida del “Robin Hood” neoleonés Agapito Treviño “Caballo Blanco”; aquí Pedro Infante canta el “Corrido de Monterrey”. La película fue un éxito y le permitió al trío Rodríguez-González-Infante trabajar de nuevo en Los tres García (1946); una comedia ranchera donde los tres primos García: Luis Antonio (Pedro Infante), mujeriego y borracho; José Luis (Abel Salazar), pobre y orgulloso; y Luis Manuel (Víctor Manuel Mendoza), rico y petulante, se disputan el amor de su prima Lupita (Marga López), al tiempo que se enfrentan a los temibles primos López; el largometraje es un retrato fiel del matriarcado en la familia mexicana, la cuna del machismo, en que la abuela (Sara García), con puro en la mano y crucifijo en el pecho, ejerce su autoridad a punta de bastonazos; Abel Salazar se quedó con la muchacha, sin embargo Pedro Infante, el consentido de la abuela, se robó la película y se transformó en el ídolo popular del cine mexicano. A Los tres García siguió la secuela Vuelven los García (1946), agregándose al reparto Blanca Estela Pavón; la historia se vuelve más trágica, la abuela (Sara García) es asesinada por uno de los López; en una de las escenas más memorables del cine mexicano, Luis Antonio (Pedro Infante) se emborracha y lleva serenata a la tumba de su abuela en medio de un aguacero: “Porque desde que te fuiste, pos ya pa’ que quiero vivir; pero no te apures, abuelita, aquí está tu Luis Antonio que te trajo tu música pa’ que te alegres”. Pedro Infante actuó de nuevo con Blanca Estela Pavón en un filme dirigido por Ismael Rodríguez: Nosotros los pobres (1947), una especie de teatro guiñol traducido al lenguaje cinematográfico, donde el carpintero de barrio Pepe “El Toro” (Pedro Infante) es acusado falsamente del homicidio de una usurera, por el licenciado Montés, quien desea conquistar a Celia “La Chorreada” (Blanca Estela Pavón), la novia de Pepe “El Toro”; al infortunado Pepe le embargan todas sus posesiones, incluso la silla de ruedas de su madre, pero logra escapar de la prisión y después de ver que su hija Chachita (Evita Muñoz) se porta mal con la prostituta Yolanda “La Tísica” (Carmen Montejo), le confiesa a Chachita que ella es su verdadera madre y él es su tío, Chachita acepta hospitalizar a su madre quien pronto muere, también fallece la madre de Pepe a consecuencia del maltrato que le propina el marihuano don Pilar (Miguel Inclán), quien se siente acosado por la mirada de la paralítica anciana (María Gentil Arcos); Pepe regresa a la cárcel de Lecumberri, descubre al verdadero asesino y le arranca el ojo para hacerlo confesar: “¡Pepe ‘El Toro’ es inocente!”; el bien triunfa, Pepe “El Toro” es liberado y se casa con Celia; a pesar de su argumento tremendista, Nosotros los pobres destaca por su optimismo a prueba de todo, además del ingenioso manejo del lenguaje popular, obra del guionista Pedro de Urdimalas (Jesús Camacho), y del pintoresco abanico de personajes secundarios: La Guayaba, La Tostada, Topillos, Planillas, “La que se levanta tarde”, Doña Merenciana, El Camello, et al. La película tuvo su continuación en Ustedes los ricos (1948), con el mismo equipo técnico, al que se suma el guionista Rogelio A. González; el director Ismael Rodríguez filmó los intentos de la rica abuela paterna de Chachita por “comprar una hija” a su pusilánime hijo Manuel; la situación se complica cuando “El Tuerto” se escapa de la cárcel y “los malos” provocan un incendio en el almacén de Pepe; Manuel muere rescatando a Chachita, pero Pepe sólo puede recuperar el cuerpo de “El Torito”, su pequeño hijo, aquí vemos la famosa escena en que Celia lanza un grito desgarrador al ver el cuerpo carbonizado de su hijo; tanto el director como el guionistas abusan del melodrama y las referencias literarias y fílmicas: Chachita se corta el cabello para comprarle a su novio, “El Ata” (de atarantado) una cadena para su reloj, mientras él vende su reloj para comprarle una peineta, igual que en un cuento de O’Henry: “¡Chachita, te cortaste el pelo!”, exclama desconsolado “El Ata”; y Pepe “El Toro” se encierra en un cuarto con el cadáver de su hijo, como Clark Gable en Lo que el viento se llevo; por otro lado, la película tiene un clímax de antología: Pepe es engañado para ir a una trampa en el techo del edificio de la Comisión de Electricidad, en donde termina arrojando a “El Tuerto”; el “final feliz” no puede faltar: la abuela de Chachita es aceptada en la familia, pobre pero “de buen corazón”, cuando pide asilo de modo humilde, mientras que Dios recompensa a Pepe “El Toro” y la Chorreada con un par de nuevos bebés. Pese a sus excesos, o gracias a ellos, Ustedes los ricos es la película más popular del cine mexicano; si Pedro ya era un ídolo, con esta película se convirtió en una leyenda. Pepe El Toro (1952) sería el tercer y último filme de la serie; ya sin la colaboración de Rogelio A. González ni Blanca Estela Pavón (murió en un accidente aéreo el 26 de septiembre de 1949), desarrolla una trama de boxeo sin la gracia de las dos primeras películas. Ismael Rodríguez filmó Los tres huastecos (1948), con guión de Rogelio A. González, una película donde Pedro Infante interpreta a los trillizos Andrade: Lorenzo, el tamaulipeco, bronco y ateo -padre de la pequeña Tucita (la regiomontana María Eugenia Llamas)-, que es acusado falsamente de ser el temible asesino “El Coyote”; Juan de Dios, el cura potosino de una parroquia, y Víctor, el capitán del ejército veracruzano que persigue a “El Coyote” mientras enamora a Mari Toña (Blanca Estela Pavón); el parecido de los hermanos provoca una serie de equívocos que se resuelven al final, cuando los hermanos cantan a trío “Lo que pudo ser tragedia resultó ser vacilón”. La tríada Rodríguez-González-Infante resurgió en La oveja negra (1949); el matriarcado de los charros de Jalisco en Los tres García, ahora es sustituido por el patriarcado de los rancheros del Norte, gracias al guión del regiomontano Rogelio A. González, quien conocía muy bien el tema; Don Cruz Treviño Martínez y de la Garza, interpretado magistralmente por Fernando Soler, es un engreído que sólo causa sufrimiento a su abnegada esposa Bibiana (Dalia Íñiguez) -a quien continuamente pide perdón- y a su obediente hijo Silvano (Pedro Infante); el hijo y el padre compiten en las elecciones por la prefectura del pueblo; Silvano triunfa, pero Don Cruz trata de humillar a su hijo obligándolo a limpiar sus zapatos; Silvano se las ingenia para dejar siempre en alto el nombre de su padre, incluso rompe el compromiso con su novia Marielba (Amanda del Llano) para complacerlo, Don Cruz agradece a su hijo dándole una golpiza; al fin, la muerte de la madre provoca que padre e hijo se reconcilien; Pedro salió bien librado de su duelo histriónico con Fernando Soler, quien obtuvo un premio Ariel por su actuación. La oveja negra, una de las mejores películas de la Época de Oro del Cine Mexicano, tuvo una secuela no menos exitosa llamada No desearás la mujer de tu hijo (1949); en la que, tras la muerte de Bibiana, Don Cruz, preso de los remordimientos, se encierra en su cuarto con su pistola, su perro y su mezcal dispuesto a morirse de hambre; sin embargo, el ayuno dura poco y el anciano vuelve a las andadas cortejando a la joven Josefa (Carmen Molina), la nueva novia de su hijo; Silvano se enfrenta a su padre, le demuestra frente a un espejo que ya es un anciano y logra quedarse con Josefa; Cruz se va cabalgando bajo la lluvia en el corcel de su hijo y cae al tratar de brincar una cerca; Silvano sacrifica al caballo herido; Don Cruz mata a su amado perro como pago por el caballo; al final, Don Cruz, rodeado por su familia, muere, reuniéndose en el cielo con su querida Bibiana, después de saltar la cerca divina: “Ni tan altas las trancas”. El director Rodríguez y el guionista González trabajarían por última vez en la malograda película biográfica del compositor musical Juventino Rosas: Sobre las olas (1950); el primer filme a color de Pedro Infante. Después Ismael Rodríguez dirigió a Pedro Infante en el melodrama revolucionario Las mujeres de mi general (1950), que terminaría con la célebre escena en que Lupe (Lilia Prado), con una bebé amarrada a la espalda, y el general revolucionario Juan Cepeda (Pedro Infante), con una ametralladora, enfrentan al ejército federal. Ismael Rodríguez transplantó la comedia ranchera al ámbito urbano en A. T. M. A toda máquina (1951), donde Luis Macías (Luis Aguilar) y Pedro Chávez (Pedro Infante), un par de motociclista del Escuadrón Acrobático de la Dirección de Tránsito, enamoran mujeres, pelean, hacen las paces y entonan “hartas canciones” (destacando la parodia que Pedro Infante hace de Frank Sinatra); Rodríguez le da juego a los personajes secundarios, entre ellos el de una anciana y terca automovilista (Amelia Wilhelmy, La Guayaba en Nosotros los pobres y La nana Agustina en La oveja negra) en uno de los gags (escenas cómicas) más entrañables del filme. Luego vendría la secuela titulada ¿Qué te ha dado esa mujer? (1951), en la que los amigos Pedro y Luis han pactado nunca casarse, pero la voluble novia de Luis (Rosita Arenas) y una mujer “de la vida galante” (Carmen Montejo) que es rescatada por Pedro, rompen el pacto y la amistad de los motociclistas; obviamente hay una reconciliación; desgraciadamente, lo que no hubo fue una tercera parte titulada En el camino andamos, pues ¿Qué te ha dado esa mujer? no tuvo el éxito de taquilla esperado. Ismael Rodríguez se sacó la espina con un rotundo éxito de taquilla: Dos tipos de cuidado (1952), la única película donde actuaron juntos los grandes charros del cine nacional: Pedro Infante y Jorge Negrete; la trama es complicada: Pedro Malo ama a María (Yolanda Varela), hermana de Jorge Bueno, quien está enamorado de Rosario (Carmen González), la hija de un abonero árabe; Jorge tiene que irse del pueblo y al regresar un año después encuentra Pedro se ha casado con Rosario y son padres de una niña; Jorge trata de arruinar a su ex amigo, sin saber que el noble Pedro se ha casado para proteger la reputación de la novia de Jorge quien fue violada en la capital y quedó embarazada; al final se resuelve el embrollo y todos contentos; la película está al servicio de las estrellas, quienes brillan en las escenas musicales, como el duelo de Coplas entre Pedro Malo y Jorge Bueno. Ismael Rodríguez dirigió a Pedro Infante por última vez en Tizoc, Amor indio (1956), en esta ocasión Pedro actuaría con la viuda de Jorge Negrete, la diva María Félix; la película (inspirada libremente en la obra teatro Tierra baja, de Ángel Guimerá, y el poema épico Tabaré, de Juan Zorrila de San Martín) es un melodrama pseudo indigenista, en el que el indio Tizoc (Pedro Infante) se enamora de una mujer blanca (María Félix), a quien confunde por su belleza con la Virgen María; Tizoc piensa que la “niña” rica quiere casarse con él, pues ésta le regaló un pañuelo, símbolo de compromiso matrimonial en su cultura indígena; el amor interracial no libra los obstáculos de los prejuicios, Tizoc se suicida con la flecha que ha matado accidentalmente a su amada, para que sus almas puedan entrar en el cielo como dos palomas y sigan cantando a “Tata Dios”; Tizoc no es la mejor película de la filmografía de Pedro Infante, pero es la que ha logrado más premios en festivales: Pedro ganó el Ariel mexicano a Mejor Actor de 1958 y el Oso de Plata a Mejor Actor en el Festival de Cine de Berlín de 1957, mientras que Tizoc conquistó en 1958 el Globo de Oro de Hollywood a Mejor Película Extranjera (el único filme mexicano que lo ha obtenido).

En realidad, hacía tiempo que Ismael Rodríguez le había pasado la estafeta de mejor director de Pedro Infante a su guionista Rogelio A. González, quien incursionó en la dirección con la película El gavilán pollero (1950), una fallida comedia ranchera protagonizada por Pedro Infante y Antonio Badú; en cambio en Un rincón cerca del cielo (1952), obtuvo excelentes resultados; el filme retrata la cruda realidad del provinciano que llega a la capital en busca de un mejor porvenir, Pedro (Pedro Infante), Margarita (Marga López) y su pequeño hijo sobreviven en el techo de una vecindad (por eso el título Un rincón cerca del cielo), al inicio de la película Pedro ve a un payaso callejero y jura que el jamás se rebajará a semejante indignidad, pero la desgracia le cae encima: pierde el empleo, lo encarcelan injustamente y, finalmente, su esposa y su hijo lo ven trabajando de payasito callejero; el hijo de Pedro muere al no conseguir éste las medicinas a tiempo; el atribulado padre intenta suicidarse saltando de un puente a las vías del tren, pero sólo queda cojo; Margarita lo conduce al altar de su casita para reunirlo con Dios después de anunciarle que va a tener otro bebé; el guionista de Nosotros los ricos presentó la pobreza de un modo crudo y realista, aunque, dentro de la tragedia, los personajes no pierden la fe. Después Rogelio A. González filmó la secuela titulada Ahora soy rico (1952), esta vez Pedro se transforma en un rico y parrandero negociante que abandona a su mujer Margarita y se involucra en un robo de drogas que al final lo conduce a la cárcel. Rogelio A. González cambió de tono al dirigir a Pedro Infante en una comedia de enredos titulada El mil amores (1954), donde actúa como un rico ranchero que finge ser el padre de una muchachita, a quien su verdadero padre abandonó, de ahí surge el amor con la madre (Rosita Quintana) de la adolescente. González dirigió una de las mejores comedias de Pedro Infante: Escuela de vagabundos (1954) -una adaptación de My Man Godfrey del cineasta Gregory La Cava, una comedia norteamericana estilo slapstick escrita por John Jevne-, acerca del compositor musical de moda José Alberto Medina (Pedro Infante), que pierde su automóvil en un accidente de cacería y es confundido por la familia Valverde con un vagabundo, debido a su aspecto harapiento; la señora Emilia (la extraordinaria Blanca de Castrejón) tiene la chifladura de recoger indigentes y darles trabajo en la casa; Alberto le sigue la corriente y en una fiesta se desencadenan una serie de enredos en los que Alberto pasa de chofer a miembro de la familia (una escena inolvidable: la señora Emilia, despidiendo a sus invitados: “Qué bueno que vinieron, si no, no sé que hubiera hecho con tanta comida”); Alberto ayuda a Miguel Valverde (el simpatiquísimo Óscar Pulido), el padre de la familia, cuando llega borracho; luego lleva serenata a su hija Susy (la bella Miroslava), “Cucurrucucú, paloma”; también canta “Nana Pancha” a la cocinera, y termina, tras creérsele fallecido, enamorando a la muchacha. Pedro Infante volvería a interpretar un personaje trágico, dirigido por Rogelio A. González, en La vida no vale nada (1954); en esta película (basada en dos historias de Máximo Gorky: Malva y Los amansadores) el protagonista Pablo (Pedro Infante) jamás logra establecer relaciones duraderas; llega a la capital y consigue un trabajo en una tienda de antigüedades, donde la patrona se enamora de él, pero Pablo la rechaza por alcohólica; después defiende a una prostituta, trabaja de panadero para liberarla de su penoso oficio, pero la prostituta le escupe a la cara cuando comprende que sólo siente lástima por ella; Pablo regresa  a su pueblo, donde vive su familia sumida en la pobreza, ahí Pablo trabaja para ayudar a su prole y convence a su padre de que regrese al hogar que había abandonado por seguir a una mujer; Pedro Infante logró la mejor actuación de su carrera (ganó el Ariel de ese año) en esta triste película. Después de una breve aparición en el filme multinacional (Cuba, Colombia y México) Pueblo, canto y esperanza (1954), Pedro Infante actuó en otra célebre comedia, dirigida por Rogelio A. González, titulada El inocente (1955); la pareja de guionistas Luis y Janet Alcoriza, siguiendo los convencionalismos de la screwball comedy americana, escribieron  una fina comedia de enredos; la película arranca cuando se descompone el automóvil de la rica y mimada Mané (Silvia Pinal) y tiene que dejarlo en el taller del mecánico Cutberto Gaudázar “Cruci” (Pedro Infante), quien se ofrece a llevarla a su casa; como es Año Nuevo, la joven invita al mecánico a celebrar la fecha bebiendo, bailando y cantando rondas infantiles, en una de las escenas más divertidas; ya alcoholizados, terminan durmiendo juntos, aunque “inocentemente”; descubiertos por los padres y el hermano de ella, son obligados a casarse en una ceremonia civil para cubrir las apariencias; la convivencia entre el menospreciado “Cruci” y la inútil Mané (para quien todo es “dificilísimo”) genera situaciones cómicas que finalizarán con una humilde Mané enamorada de su mecánico; sobresale el personaje de Don Rogelio (Óscar Ortiz de Pinedo), padre de Mané, quien continuamente justifica a su hija con la frase: “¡Ha sufrido mucho!” Pedro Infante, en la plenitud de sus facultades histriónicas, finalizó su carrera fílmica con la comedia Escuela de rateros (1956), dirigida por Rogelio A. González; aquí Pedro Infante hace dos papeles: Víctor, un actor deshonesto que es asesinado por un ladrón de joyas, y Raúl, un panadero de Perros Bravos, Nuevo León, que es usado de carnada por la policía, ya que es idéntico al actor muerto; en esta película, que nunca pierde el ritmo, hay canciones, suspenso, comedia y romance; sobra decir que fue un éxito.

Pedro Infante murió en un accidente de aviación el 15 de abril de 1957, en Mérida, Yucatán; fue enterrado en el Panteón Jardín, del Distrito Federal, donde miles de fanáticos lo despidieron y cada aniversario luctuoso lo siguen venerando como si se tratara de un santo. Pedro no pudo realizar varios proyectos cinematográficos, entre los que destacaban Museo de cera, en el cual encarnaría a nueve personajes: El Jorobado de Nuestra Señora de París, Sansón, Miguel Hidalgo, Morelos, Benito Juárez, Juan Diego, Cuauhtémoc, Pancho Villa y Jesucristo, y la película El charro y el cowboy, que sería su primer filme en Hollywood. En 1957, cuando fue la premiación del Oso de Plata a Mejor Actor en el Festival de Cine de Berlín, se anunció el nombre de Pedro Infante, quien venció a actores de la talla de Marlon Brando y Henry Fonda; todos en el auditorio esperaban que pasara el triunfador, pero, cuando se dio a conocer que Pedro Infante había muerto; de pronto, espontáneamente, los presentes se pusieron de pie y guardaron un minuto de silencio en honor de Pedro Infante; desde entonces admiramos al actor que nos recuerda una y otra vez, cuando lo vemos en la televisión, que no está muerto.

(Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela)

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3 comentarios el “PEDRO INFANTE NO HA MUERTO

  1. maricela vargas peres
    julio 3, 2013

    pedro infante murio el sabado antonio pedro mes de junio del 2013 a los 96 años lo amo y siempre lo amare

  2. AGUSTIN LIMON
    octubre 18, 2013

    CALAVERA 2013
    A MARÍA FELIX.

    QUIERO QUE FILMES CON PEDRO
    ISMAEL DIJO A MARÍA
    ¡NO QUIERO FILMAR TIZOC!
    PEDRO TIENE SIMPATÍA.

    TE PONDRÉ CON LETRAS GRANDES
    DIJO ISMAEL CON DECENCIA.
    AUNQUE TE DIRÉ QUE PEDRO
    ES BUENO POR EXCELENCIA.

    DEPÚES FUERON A BERLÍN
    LOS PREMIOS LOS DIO LA FLACA
    A MARÍA UN PINCHE PATÍN
    Y A PEDRO OSO DE PLATA.

    Agustín Limón. El autor auténtico.

  3. Alfredo Guevara Figueroa
    abril 16, 2014

    Existe un problema con las películas dvd de Pedro Infante del cual mucha gente no se ha dado cuenta. Y es que a partir del 2003 los editores dvd de las películas de producciones “Rodríguez Hermanos” han adulterado el audio original de sus filmes, añadiéndoles “nuevos sonidos” con la finalidad de “modernizar” el audio. Así agregaron ruidos de pisadas, portazos, cantos de pájaros y de grillos además que los balazos ahora suenan como cañonazos. Entre las películas “víctimas” se cuenta “Ay Jalisco no te rajes”, “Que lindo es Michoacán”, “Del rancho a la televisión” y por supuesto todas las películas que Pedro Infante filmó para esa productora e incluso en “Ahí viene Martín Corona” de Producciones Zacarías. Nótese en los films, apenas terminados los créditos empiezan a sonar cantos de pájaros, que no están en la película original y se mantienen gritando a lo largo de toda la película. Por ello mi sugerencia es rescatar y difundir las versiones de esas películas en VHS pues conservan el audio antiguo. Y es que tratándose de clásicos, deben mantenerse tal cual fueron filmados.

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